La pizza perfecta

cocina de confinamiento

¿Se te ocurre algo mejor para pasar el tiempo de esta laaaaaaaaaarga cuarentena que preparar con todo tu cariño y amor la pizza perfecta? Te contamos cómo.

El origen de la palabra pizza aparentemente se remonta a la pita mediterránea y balcánica. Sea cual sea la etimología del término, lo importante es que se trata de pan recubierto de ingredientes variados. Parece sencillo ¿verdad? Pues no lo es, créannos porque tiene sus trucos y se los vamos a explicar.

Napoli,
los orígenes

Los napolitanos, padres indiscutibles de este plato popular en todo el mundo, comenzaron a elaborarla en algún momento del siglo XVII y, aunque en principio era un alimento sencillo consumido por la población de pocos recursos económicos, rápidamente se extendió a las clases sociales altas. Se sabe, por ejemplo, que la reina María Carolina de Habsburgo-Lorena –esposa del rey Fernando IV de Nápoles- hizo construir un horno especial en su palacio de verano de Capodimonte (Italia) con el objetivo de servir pizzas a sus invitados.

El inventor de la archifamosa pizza Margherita parece que fue un tal Raffaele Esposito, quien trabajaba en la pizzería Pietro… e basta così (traducido Pedro… y nada más) y, en 1889, inventó una pizza que recordaba los colores de la bandera italiana: verde (albahaca), blanco (mozzarella) y rojo (tomate). Esta creación fue un homenaje a los reyes Umberto I y su esposa Margherita Teresa de Saboya, que estaban de visita en la ciudad, y fue la reina quien decidió que esta variedad tricolor era su preferida, pasando a darle su nombre por toda la eternidad.

Para los puristas de la pizza, existen sólo dos variedades consideradas auténticas: la marinara y la ya mencionada Margherita. La segunda ya les hemos explicado qué ingredientes incluye, mientras que la primera lleva sólo orégano, aceite de oliva, ajo y un toque de albahaca (no, no lleva marisco, eso fue una confusión, en realidad se llama así porque era el alimento de los pescadores que volvían por las tardes a la bahía de Nápoles tras su faena). El tiempo y la capacidad inventiva de los pizzaiolos (pizzeros) han introducido infinidad de variaciones en los ingredientes que recubren las masas, tanto que hoy en día puedes encontrar las combinaciones más extravagantes.

La pizza
perfecta

Indudablemente la clave para lograr la pizza perfecta está en la masa. Desde hace mucho tiempo el mercado ofrece distintas opciones: comprarlas congeladas listas para meter al horno, adquirir masas preparadas, o, por supuesto, llamar a un delivery. Pero el placer de hacerla tú mismo es inmenso. Aunque sea sólo una vez en la vida hay que probar la magia de hacer pan, crear el alimento por excelencia con nuestras propias manos es una experiencia única. Hablamos de pan porque, básicamente, eso es la masa para pizza: una especie de pan aplanado cuyos ingredientes básicos son harina, levadura, sal, agua y aceite.

Algo en apariencia tan sencillo, porque esos cinco ingredientes resultan muy básicos, tiene sus secretos y te los vamos a desvelar. Primero debes hacer un volcán con 350 gramos de harina 00, añadirle media cucharadita de sal, 15 gramos de levadura de cerveza disuelta en agua tibia, un chorro de aceite y comenzar a ligarlo todo lentamente, amasando con paciencia durante unos 20 minutos. La cantidad de agua necesaria variará dependiendo de la capacidad de absorción de la harina utilizada. Hay otro dato importantísimo: la sal no debe nunca entrar en contacto directo con la levadura, porque le quita la fuerza. La masa resultante se tapa con un paño y se deja reposar en sitio templado hasta que doble su volumen. El resultado es una cosa amarilla esponjosa, suave y ligera, llena de bolitas de aire.

Ahora viene el segundo secreto, algo que los napolitanos consideran indiscutible: ni se te ocurra usar un palo de amasar porque serás tildado de hereje y tu pizza ya no será ni perfecta, ni auténtica, ni nada. Lo que debes hacer es trabajar la masa girándola con las manos y lanzándola al aire hasta que logres la forma redonda y plana. Suerte con eso. Ten en cuenta que no debe superar los 35 cm de diámetro. Entonces puedes añadirle los ingredientes que hayas escogido y rociar todo con un filo de aceite de oliva. Ya casi está. La siguiente clave es la cocción: debe ser rápida, en horno de leña y a una temperatura de 485º C (900º F) durante no más de 60-90 segundos.

¿Recuerdas el comercial de Martini en el que George Clooney tocaba el timbre en un apartamento, aparecía una chica guapísima y le soltaba: “¿No Martini? No party” y le cerraba la puerta en las narices? Pues esto es algo parecido: “¿No horno de leña? No pizza”. No vamos a ser más papistas que el Papa, podéis hacerla en un horno doméstico eléctrico o a gas (a 300º C o 572º F), pero te advertimos de que pierde categoría de perfección.

La pizza
excepcional

Si buscamos la pureza en las tradiciones pizzeras, debemos ir un paso más allá y retomar un hábito perdido como resultado de la industrialización: preparar la masa con poolish, un derivado de la masa madre. Para ello se hará una pasta con 50 gramos de agua, 50 de harina, 1 gramo de levadura y ½ cucharadita de miel. Se tapa con film y se deja levar (hasta 12 horas o incluso más) a temperatura ambiente. Cuando se va a utilizar se le añaden a este preparado 300 gramos de harina, 140 de agua, 2 cucharaditas de sal, 4 gramos de levadura y se procede al amasado y nuevo levado. El sabor, consistencia y ligereza de esta pizza artesanal merecerá, sin dudas, el calificativo de insuperable.

Ahora solo queda que des el paso y prepares tu pizza perfecta.

Foto: Austin Ban


Arte desinteresado para enfrentar la Covid-19

La pandemia del coronavirus también puede tener su lado positivo. Hace poco mas de un mes la ONU junto a la OMS hizo un llamado a artistas de todo el mundo a crear y presentar obras de arte que educarán, elevarán e inspirarán a individuos y comunidades a través de esta crisis global. De manera desinteresada, miles de creadores produjeron cientos de trabajos gráficos y audiovisuales para transmitir uno de los mensajes de la ONU, como higiene personal, distanciamiento físico, conocer los síntomas, contagio de la amabilidad, romper mitos y hacer más/donar.

El resultado ha siso el United Nations COVID-19 Response Creative Content Hub, que se puede ver en este sitio web creado para la ocasión. Esta biblioteca artística mundial virtual también se puede consultar en la página especial del sitio fotográfico de uso gratuito Unsplash . Allí se muestran las obras de arte que te compartimos y otras destinadas a sensibilizar, a través del arte, a la gente sobre la importancia de encarar de una manera positiva, pero siempre con precaución y siguiendo los consejos sanitarios, la pandemia de la Covid-19.


Las isla donde no llega el coronovirus

En medio del Atlántico, a medio camino entre África y América, se encuentra Tristán de Acuña, un archipiélago perteneciente al territorio de británico de ultramar de Santa Elena, Ascensión y Tristán de Acuña. En este remoto lugar del sur viven 246 personas. Ninguna, según los últimos datos facilitados por la OMS, ha dado positivo en Coronavirus.

Tampoco ninguno de los habitantes de la isla de Santa Helena, el lugar habitado más cercano a 2173 kilómetros al norte y del que Tristan de Acuña depende administrativamente. Este remoto territorio se ha convertido en uno de los 29 países o territorios de los 230 que hay en el mundo libre de Covid-169, según Reuters.

El pub más
tranquilo del mundo

Tristan de Acuña cuenta con cuatro pequeñas islas. La principal, de unos 98 km², tiene un relieve muy montañoso debido a su origen volcánico. En la única zona llana de la costa noroccidental, denominada The Hillpiece, se encuentra Edimburgo de los Siete Mares, la capital administrativa y el único lugar con vida humana.

La isla fue descubierta en 1506 por el navegante portugués Tristão da Cunha. A partir de 1816, tras la anexión por la Corona Británica, comenzó a estar habitada de manera estable por granjeros descendientes de una de las siete familias que la colonizaron.

A este remota isla británica que ha sido base de piratas y de expediciones de la ruta de las Indias solo se puede llegar en barco, y eso después de navegar entre 7 y 18 días, dependiendo del tipo de embarcación utilizado. Además, desembarcar supone otra aventura: acantilados de más de 600 metros de altura rodean la isla. Eso sí, cuentan con un pub, el Albatross bar, que se ha convertido en el bar más remoto y libre de Covid-19 del mundo.

Foto: Wikipedia Commons


Carrot Cake para endulzar la cuarentena

cocina de confinamiento

¡Hola!

Soy el Chef de PerroVerde, un apasionado de la gastronomía que os mostrará cada semana que hacer las delicias de tus familiares y amigos no es tan complicado siempre que se haga con paciencia y entrega. Tengo que reconocer que, además, soy un amante de los dulces, por lo que muchas de las recetas que os mostraré serán postres. Y qué mejor que empezar este recetario que con una carrot cake muy fácil de hacer y que provocará una explosión de sabor en las boca de aquellos que la prueben.

Para elaborar esta tarta, tan solo se necesita un molde que sea válido para horno, ya que en él haremos la parte del bizcocho, y unas varillas metálicas duras con las que poder batir manualmente. En caso de tener una stand up mixer, o unas varillas eléctricas, te facilitará mucho las cosas a la hora de montar tanto los huevos como la nata. Si no dispones de estas herramientas, no te preocupes, se puede hacer perfectamente a mano con paciencia y constancia. Sin mas dilación vamos con la elaboración de esta tarta de zanahoria que hará las delicias tanto de los mayores como de los más pequeños de la casa.

La Carrot Cake consta de dos elaboraciones muy marcadas. Por un lado, tenemos un bizcocho de zanahoria cuyo sabor es muy característico, y en el cual es importante que a medida que vamos haciéndolo, vayamos incorporándole el mayor aire posible para que así quede más esponjoso. Por otro lado, la segunda de las elaboraciones es un frosty (elaborado entre otras cosas con queso crema y nata montada) que se colocará en una capa intermedia del bizcocho, así como en la parte superior del mismo y que le da un toque sublime a esta increíble tarta.

Manos a

la obra

ingredientes

Para el bizcocho:

5 huevos.

225 gramos de harina de trigo.

5 gramos de canela en polvo.

40% de una nuez moscada rallada.

15 gramos de levadura química.

Pizca de sal

250 gramos de azúcar moreno.

150 mililitros de aceite de girasol.

250 gramos de zanahoria.

Para el frosty:

300 mililitros de nata para montar que esté fría.

250 gramos de queso crema.

150 gramos de azúcar glass.

1 cucharada de extracto de vainilla (opcional)

elaboración

1.- En primer lugar precalentamos el horno a 180º para que cuando tengamos lista la masa del bizcocho podamos meterla en el horno.

2.- Tamizamos la harina junto con la canela, la levadura química, la nuez moscada y una pizca de sal y lo dejamos apartado por un momento a un lado.

3.- En un bol grande, batimos los 5 huevos hasta que queden montados y agregamos el azúcar moreno para que se termine de montar. Sabremos que los huevos y el azúcar glass están bien montados cuando tengamos una crema más o menos densa.

4.- Por otro lado pelamos las zanahorias y junto con el aceite de girasol lo metemos en la licuadora para obtener un puré denso de zanahoria y aceite.

5.- Vertemos este puré de zanahorias en un bol y vamos incorporándole poco a poco los huevos montados del paso 3. Aquí tiene que quedar una mezcla bien homogénea del puré de zanahorias y los huevos montados y la mejor manera es hacerlo con una lengua pastelera e ir haciendo movimientos ondulatorios (de abajo hacia arriba)  para que así entre el mayor aire posible mientras estamos mezclando las dos elaboraciones.

6.- Una vez hemos mezclado bien esas dos elaboraciones procedemos a añadirle la harina que teníamos apartada del paso 1. Aquí es importante ser paciente e ir incorporando la harina por capas. Esto significa que ponemos una capa de la mezcla de harina sobre la masa y la incorporamos bien con la lengua mediante los mismos movimientos ondulatorios. Así, vamos incorporando capa a capa hasta gastar toda la mezcla de harina.

7.- Una vez tenemos bien incorporada la masa con la mezcla de harina, la vertemos sobre el molde que previamente ha sido engrasado con mantequilla y espolvoreado con un poco de harina, para que luego no se pegue.

8.- Introducimos el molde con nuestro bizcocho en el horno a 180º durante 45 minutos o hasta que al introducir en él un cuchillo salga completamente limpio.

9.- Cuando lo saquemos del horno que ya esté listo, lo dejaremos reposar hasta que se enfríe por completo y lo podamos desmoldar y partir por la mitad.

10.- Para cortarlo por la mitad, el mejor consejo que os puedo dar es poner una fila de palillos, alrededor del bizcocho y con un cuchillo de sierra grande (el de cortar el pan) lo vamos cortando suavemente a la altura que nos marcan los mondadientes.

Una vez tenemos ya enfriado el bizcocho es hora de ponernos con el frosty que le incorporaremos tanto a la capa intermedia como en la cúspide del bizcocho y los laterales.

11.- Para comenzar a hacer el frosty, pondremos los 250 gramos de queso crema en un bol y con 75 gramos de azúcar glass, batimos intensamente con las varillas hasta que quede cremoso y sin ningún grumo. Aquí si lo deseas puedes añadirle una cucharadita de extracto de vainilla para darle un poco más de sabor al frosty y lo volvemos a batir para que quede todo bien integrado e insisto, sin ningún grumo.

12.- Por otro lado, y en un bol que esté frío, podemos enfriarlo previamente en el congelador y que enfríe. Este es un pequeño truco muy útil a la hora de montar nata. Si el bol en el que lo hacemos está frío y la nata está bien fría, será más fácil de montar. Montamos la nata y cuando la tengamos a punto de estar montada le añadimos los 75 gramos de azúcar glass y terminamos de montar.Sabremos que está perfectamente montada cuando al subir las varillas se quede una espiral de la nata hacia arriba.

13.- A continuación incorporamos la elaboración de la nata montada a la elaboración que hicimos previamente del queso crema. Lo vamos incorporando poco a poco con una lengua pastelera para que queden bien mezclados y les entre aire mientras los mezclamos.

14.- Una vez lo tengamos bien integrado, procedemos a montar nuestra tarta de zanahoria. En primer lugar tenemos la primera mitad del bizcocho que será nuestra base. Sobre ella ponemos la mitad de nuestro frosty, y lo tapamos con la parte de arriba del bizcocho. Sobre él, ponemos el resto del frosty que nos queda y lo repartimos tanto por encima como por los laterales.

15.- Una vez que tenemos nuestra tarta con el frosty lo metemos a reposar en la nevera durante 15 minutos…¡y estará lista para comer!


#Fuckgenderroles o como romper los estereotipos de género en Internet

Se acerca el 8 de marzo, que, como todos y todas a estas alturas debéis saber, es el día en que todo el mundo recuerda que las mujeres deberían son iguales, en derechos y oportunidades, que los hombres. Como cada año, son miles las acciones que desde distintas organizaciones internacionales, nacionales y feministas, entre otras, se ponen en marcha para celebrar el Día internacional de la Mujer. Nosotros, después de bucear mucho por el ciberespacio, nos quedamos con esta: #fuckgenderroles.

Gifs contra
la desigualdad

Los estereotipos de género son ideas preconcebidas acerca de cómo deben comportarse hombres y mujeres. Limitan nuestra libertad, nuestra expresión y nuestro desarrollo como personas. Por eso, la gente de Digital Fems ha decidido poner en marcha una campaña que combina reflexión, humor e información para llamar la atención sobre la todavía persistente desigualdad entre hombres y mujeres.

más mujeres, más igualdad

Digital Fems, una organización sin ánimo de lucro destinada a dar visibilidad a las mujeres en los ámbitos tecnológicos, reflexiona acerca de qué aporta la mujer en entornos tecnológicos, y pone en marcha mecanismos que ayuden a generar modelos visibles para aumentar la presencia de más mujeres en entornos tecnológicos y digitales. La iniciativa #Fuckgenderroles (qué le den a los roles de género) pide a hombres y mujeres que  creen memes, ya sea un gif animado o una imagen estática que visibilice los estereotipos de género y lo publiquen en Instagram o Twitter con el hashtag #FuckGenderRoles.

La campaña finaliza el 2 de abril, así que todavía tienes tiempos de compartir el tuyo. Por el momento te dejamos algunos de los que ya se han publicado:


La historia de la mujer que creó la computación

Lamentablemente, la mujer siempre ha tenido un papel secundario en el entorno científico, un mundo que los hombres se han empeñado en blindar. Pero más allá de Marie Curie, Rosalind Franklin, Susan Jocelyn Bell Burnell o Jane Goodall hay una mujer, Ada Lovelace, que fue una pionera en la computación hace 200 años.

El origen de la computación se remonta al siglo XIX, y la culpable fue Ada Lovelace, una mujer nacida en Londres hace ahora dos siglos. Lovelace fue la creadora de una máquina analítica mecánica que permitía calcular cualquier función algebraica y almacenar números. Fue la primera programadora de la historia.

Creó la máquina
analítica

Luego, en los años 40 del siglo XX aparecería una máquina llamada Colossus. este artilugio fue uno de los primeros dispositivos calculadores electrónicos usado por los británicos para leer las comunicaciones cifradas alemanas durante la Segunda Guerra Mundial. Esta computadora prehistórica cambió el curso de la contienda.

Más tarde muchas marcas comenzarían a disputarse el trono de haber creado la primera computadora personal. Olivetti Programma 101 (1965), Apple II (1977), el ZX Spectrum (1982), el Commodore 64 (1982), pero la mayoría coincide en que fue un 12 de agosto de 1981, cuando IBM, lanza al mercado, su IBM 5150 que costaba $1,565 dólares y tenía 16KB de memoria.

El trabajo de aquella científica del siglo XIX fue olvidado por muchos años, dándole un papel de transcriptora de las notas del científico Charles Babbage. Hoy se reconoce a Ada como la primera persona en describir un lenguaje de programación interpretando las ideas de Babbage, pero reconociendo la originalidad de sus aportes a la programación informática.


Rutas a pie para el fin de semana

La diversidad del territorio panameño permite escalar una montaña, visitar un lago, bañarse en un río o estar en el mar ¡en tan sólo un fin de semana! Y qué mejor manera de conocer las riquezas naturales de un país que caminando. El senderismo es una actividad ideal que puedes realizar en casi cualquier lugar, por el día o por la noche, en la playa o en la jungla, solo hay que proponérselo, porque los lugares te los damos nosotros.

Un monumento
natural

Declarado área prioritaria para la conservación en 1987 y monumento natural en 2001, el Cerro Gaital forma parte de las Tres Marías, ya que se encuentra en medio de Cerro Pajita y Cerro Caracol. Es el más alto de los tres e incluso el más alto del Valle de Antón, en la provincia de Coclé, con una elevación de 1,185 metros sobre el nivel del mar. Esta área protegida de 335 hectáreas situada a unos 120 km de la ciudad capital, cuenta con diversos senderos en los que tendrás la oportunidad de interactuar con la naturaleza en todo su esplendor. Como dato curioso, el Cerro Gaital es el hábitat natural de la rana Dorada, tristemente en peligro de extinción. Para mayor información de precios y cómo llegar en: www.elvalle.com.pa

¡Al
Picacho!

El cerro Picacho es una montaña de 1,085 de metros de altura sobre el nivel del mar localizada al oeste de Panamá, en el distrito de San Carlos. El camino hacia el Picacho tiene algunos tramos fáciles, pero a medida que vayas avanzando encontrarás partes dónde sólo te cabrán los pies. Por eso, es importantísimo que al realizar este tipo de sendero te acompañes de un guía que conozca el lugar, ya que no cuenta con señalizaciones. Te aseguramos que valdrá la pena y disfrutarás de una vista increíble. Una vez desciendas, no olvides pasar por La Laguna, el sitio perfecto para terminar tu trip del día y darte un baño. Información de guías y costos: www.caminandopanama.org

A tiro de piedra de
la playa

El cerro Picacho es una montaña de 1,085 de metros de altura sobre el nivel del mar localizada al oeste de Panamá, en el distrito de San Carlos. El camino hacia el Picacho tiene algunos tramos fáciles, pero a medida que vayas avanzando encontrarás partes dónde sólo te cabrán los pies. Por eso, es importantísimo que al realizar este tipo de sendero te acompañes de un guía que conozca el lugar, ya que no cuenta con señalizaciones. Te aseguramos que valdrá la pena y disfrutarás de una vista increíble. Una vez desciendas, no olvides pasar por La Laguna, el sitio perfecto para terminar tu trip del día y darte un baño. Información de guías y costos: www.caminandopanama.org

Foto: Nick Kane on Unsplash


Biomuseo, color tropical

Para quien aún no lo sepa, Frank Gehry es uno de los grandes arquitectos de nuestro tiempo, tanto que recibió el premio Pritzker (el Nobel de la arquitectura) en 1989. Y aún le quedaba por crear su obra más reconocida: el museo Guggenheim de Bilbao, en España. Eran los años de los arquitectos estrella: Foster, Calatrava, Zaha Hadid, Koolhaas, Herzog y de Meuron… El propio Gehry se hizo tan importante que hasta aparece en un episodio de los Simpsons.

¿Todavía no conoces su obra en Panamá? Aprovecha este fin de semana veraniego y date una vuelta por el Biomuseo, a la entrada del Causeway de Amador.

Arquitectura moderna
y tropical

Este edificio supone un enorme salto de calidad en la imagen arquitectónica que Panamá le enseña al mundo. Y es que, más allá de consideraciones estéticas, el Biomuseo hace algo que, aunque parezca evidente, parte de la arquitectura panameña olvida: asumir que está en un país tropical. El recorrido del museo te obliga a salir al exterior varias veces y, «¡Oh sorpresa!» Nos demuestra que puede existir el confort sin aire acondicionado, y lo hace copiando las estrategias que los pobladores de nuestro istmo llevan haciendo mucho tiempo: techos generosos que resguarden de la lluvia y faciliten el paso de la brisa.

Tras recibir la primera lección bioclimática en un gran patio central abierto, con espectaculares vistas al Canal y a la bahía, comienza la lección sobre biodiversidad en cada una de las unas salas que fueron proyectadas por el diseñador Bruce Mau, coordinador de un equipo multidisciplinar (científicos del Instituto Smithsonian y la universidad de Panama colaboraron en un proceso que el propio Mau calificó de “iterativo”), que son el elemento generador del proyecto arquitectónico, un recorrido didáctico, apto para todos los públicos y realmente entretenido.

No es un museo convencional, no es un contenedor de obras, es un museo que narra una historia de la formación del istmo de Panamá y, de paso, nos revela la teoría del doctor Stanley que es como para bordarla en la bandera, ya que implica que todos los humanos son panameños.

El recorrido es toda una experiencia sensorial, de formas, videos, temperaturas y hasta olores, francamente recomendable. El edificio, además, debería convertirse en el nuevo icono de la ciudad, en el más visitado del país (la consultora KPMG calculaba cerca de medio millón de visitas al año.

El Biomuseo es una muestra de que sabemos hacer cosas más sostenibles y adecuadas a nuestro clima que esas inmensas moles de cristal con el aire acondicionado tan bajo que podríamos estar paseando por Nueva York en enero y no en Multiplaza o cualquier otro mall. Una arquitectura que, aunque pueda tener sus detractores, es contemporánea y está dotada de identidad.

Foto: Editorpana – Trabajo propio


De 'glamping' por Panamá

Ir de camping es ver atardecer al calor de la fogata, sentir la arena en los pies, o la hierba fresca, y oír el sonido del viento, del mar y de los pájaritos de fondo. Un momento, esto solo es así en nuestra imaginación. En realidad lo único que sientes en los pies son las chitras, y en los oídos a la familia de parranderos que parquearon su carro al lado formando el escándalo. Y para colmo de males tú y tu querido hacen turnos para que la fogata no se apague. Ir de camping a veces no es ni romántico, ni relajante, ni exclusivo. Y por eso, para que los amantes de la naturaleza puedan seguir disfrutando de ella sin todas estas incomodidades, nace el glamping, un concepto que, como lector inteligente de PerroVerde que eres, no tenemos que explicarte lo que significa.

En Panamá hemos encontrado algunos de estos lujosos lugares y hoy te hablamos de ellos. Eso sí, ve ahorrando porque económicos no son.

Luxury Camping

Altos de María

Tiendas de acampar de lujo decoradas en consonancia con la exuberante belleza natural que puedes observar en una panorámica de 360º al Valle María, al Océano Pacífico y a los Altos del María.

Cada cabaña representa uno de los elementos que componen los estados naturales: aire, agua, fuego, tierra y por último, el amor. Para reservar solo tienes que elegir tu elemento favorito y preparar, como mínimo, $270.

Canopy Camp

Darién

La segunda selva más grande de Latinoamérica, tras el Amazonas, es la de Darién, un auténtico paraíso para los amantes de las aves. Una buena opción para visitarlo es Canopy Camp, que organiza rutas de observación de varios días. El complejo está formado por ocho carpas tipo safari con baño propio. Desde $2.383 por persona por ocho días con todo incluido podrás tener unas vacaciones en plena naturaleza y con todos los lujos a tu alcance.

Panama Resort

Isla Palenque

Fusión de selva y mar a un paso de tu cama, lujosa, cómoda y en silencio. Este eco-resort situado en Isla Palenque (Chiriquí) tiene todo lo que necesitas en dos tipos de habitaciones: Estate Rooms y Tented Suites. Elegir una de ellas te costará al menos 230$, y a juzgar por las fotografías, lo valen.


Diez hoteles que inspiraron grandes canciones

Los hoteles tienen ese punto impersonal que nos puede hacer sentir extraños, solitarios, en tierra de nadie. Pero la neutralidad que en ellos se respira a veces es perfecta para las historias de amor más silenciosas, de una noche o de muchas. También son el refugio idóneo de fugitivos, el último aliento de suicidas prematuros amantes de la mala vida o el testigo de amargas despedidas. Aunque no todos hay que abandonarlos. «Puedes hacer de ellos tu hogar», cantaba Al Stewart a ritmo de Hotel Broadway, y sentirte como en casa, como le ocurría a Joaquín Sabina en Hotel, dulce Hotel, en el que tenía las mejores vistas desde el cuarto 72. Pero con vistas o sin ellas, tengan estrellas o no, con encanto o sin él, han sido los protagonistas de grandes temas musicales, y los expertos en viajes de Hoteles.com han elaborado una lista con el top 10 de las canciones más famosas que hablan sobre hoteles, moteles o alojamientos

Hotel California

The Eagles

¿Quién no ha cantado alguna vez pelo al viento, en la ducha o micro en mano la mítica Hotel California? Este tema rockero fue lanzado como single en 1977 y trajo consigo la fama internacional del grupo The Eagles, así como la del hotel. Y es que, como ellos decían, «Such a lovely place!».

Chelsea Hotel

Leonard Cohen

En el Chelsea Hotel se hospedaron artistas como Sara Bernhardt, Allen Ginsberg, Jack Kerouac, Arthur Miller, Jimi Hendrix, Procol Harum o Bob Dylan. Situado en la ciudad de Nueva York y conocido como el segundo hogar de Leonard Cohen, fue el protagonista de uno de los éxitos del artista. ¿Por qué? Pues porque en él se encontró con la cantante americana Janis Joplin, quien le dijo que prefería a los hombres guapos pero que con él haría una excepción. Lo que cuenta la canción es todo lo que sabemos sobre lo que ocurrió esa noche en la habitación 415 del Chelsea Hotel.

Heartbreak Hotel

Elvis Presley

En noviembre de 1955, The Miami Herald publicó una nota sobre el suicidio de un individuo sin identificar y con un papel en su bolsillo que decía «I walk a lonely street». La historia sirvió de inspiración a Mae Boren Axton y Tommy Durden, quienes escribieron la letra de una triste canción sobre el hotel de los corazones rotos. La canción fue la más exitosa de 1956 y catapultó a la fama al que más tarde conoceríamos como el rey del rock and roll.

Memory Motel

The Rolling Stones

Memory Motel aparece por primera vez en 1976 en el álbum de los Rolling Stones llamado Black and Blue. El hotel parece hacer referencia a uno situado en Montauk, en Long Island (EE.UU), y la chica, Hannah, podría ser la cantante americana Carly Simon. En fin, que lo único que está claro es que alguien pasó en él una noche solitaria.

Hotel Yorba

The White Stripes

Decían The White Stripes que el Hotel Yorba «todo lo que tiene dentro son habitaciones libres». ¿Será por eso que ya no existe? Construido en 1926 en el suroeste de Detroit, este hotel dio nombre a la canción principal del disco White Blood Cells de la banda liderada por Jack y Meg White, quienes grabaron el tema en una de las habitaciones del establecimiento.

Surprise Hotel

Fool’s Gold

Es pegadiza, si, pero está cantada en hebreo, así que como mucho la habrás tarareado. En PerroVerde, que si sabemos hebreo, la hemos traducido y habla de piscinas, botones y aires acondicionados. Vamos, que para saber a qué hotel se referían los chicos de Fool’s Gold tendremos que seguir investigando.

Fugitive Motel

Elbow

En la oscuridad de unas cortinas cerradas y paredes de papel estaba Elbow cantándole a la soledad de una habitación de hotel y echando de menos a alguien. ¿A quién? No sabemos. Lo que si sabemos es que el hotel estaba en el otro lado del mundo.

Rapper’s Delight

The Sugarhill Gang

Este tema fue el éxito number one de The Sugarhill Gang, que popularizó el hip hop en Estados Unidos y en el resto del mundo a finales de los 70 y principios de los 80. Pero esto no es nada al lado del hecho de que Rapper’s Delight sirviera para inspirar al grupo pop español Las Ketchup, quienes tradujeron fonéticamente la letra del tema y obtuvieron un «Aserejé, já, dejé, dejebe tu de jebere sebiounouva, majabi and de bugui and de buididipí».

Blue Hotel

Chris Isaak

Tan solo unas pocas estrofas le valieron a Chris Isaak para rendirle homenaje a un hotel de color azul y de habitaciones solitarias. Del álbum Chris Isaak, en 1987, salió la famosa Blue Hotel que lo posicionó como referente del rock y del country de Estados Unidos.

There’s a Small Hotel

Ella Fitzgerald

Compuesta por Richard Rodgers en 1936, con letra de Lorenz Hart, Ella Fitzgerald le puso voz a There’s a Small Hotel en 1949. No sabemos si se trataba del Stockton Inn en Nueva Jersey, el Montecito Inn en Santa Barbara, California, o cualquier otro, pero lo que si sabemos es que tenía una suite limpia y luminosa. Okey, no es muy buena pista, pero también hemos descubierto que tenía un pozo de los deseos, vistas a un campanario y ni rastro de gente por allá. ¿Se te ocurre alguno?

Foto: Marten Bjork