relato (Vi)

MA Asharret

Espero que el lector recuerde que el último capítulo terminaba con el visionario párrafo de Dostoievski en “Crimen y castigo”. Vistas las cosas desde el siglo XXI, no dejar de ser estremecedor dicho párrafo.

Pero el que estaba estremecido de verdad era Jules: se sentía en la habitación del hotel tropical -haced memoria: vistas al mar, televisión, Netflix, aire acondicionado, celular, ordenador, wifi…- como el trágico protagonista de la novela, Raskólnikov, angustiado en su pequeña, pobre, fría y sucia habitación de alquiler en la capital de la Rusia Imperial del siglo XIX, San Petersburgo. Todas estas lecturas de la Rusia zarista y revolucionaria lo empezaban a afectar, aunque todavía fuera capaz de disimularlo, de una forma no muy diferente a cómo las novelas de caballerías trastornaron a Don Quijote. Y esto, en la realidad digital que tan abrumadoramente se había impuesto desde la aparición del KOBIDXLSUN, era sumamente peligroso.

En sus conversaciones con Natalie, trataba de no hablar de sus pensamientos y obsesiones, pues era consciente que la iba a aburrir; pero entonces la conversación decaía, y los lugares comunes -qué has comido, qué haces, cómo te sientes, qué tal has dormido- no hacían sino aumentar la sensación de que algo se iba deshaciendo entre ellos. Una agonizante inercia empezaba a tomar velocidad.

Lo habían hablado civilizadamente -lo cual denota cierta falta de pasión y excesiva madurez- y los dos lo habían adjudicado al confinamiento y la distancia provocada por la pandemia. Y es que eran muchas las personas que se escudaban en el KOBIDXLSUN para no enfrentar los problemas, aunque el KOBIDXLSUN no había hecho más que exacerbar situaciones preexistentes. Aún así, probaron de todo: sexo virtual, un “party” con sus amistades, cocinar juntos…pero todo había resultado impostado, forzado, y sobre todo, soporífero.

Zoomeando

Era mucha la gente que organizaba eventos similares, particularmente reuniones -con la familia, con los amigos- pero lo cierto es que para la gran mayoría, tras la novedad inicial, esta forma de relacionarse, y sobre todo después de pasar tantas horas frente a la pantalla y “zoomeando” en su vida laboral, ya no era lo que les pedía el cuerpo.

Sin proponérselo, cada uno empezó a construir su universo. Jules creó un nuevo perfil en las redes sociales y empezó a buscar congéneres a través de las palabras “revolución”, “historia de Rusia”, “Nicolás II”, “Alejandro III”, “Trotsky”…

Natalie se enfocó en su vida profesional y en hacer pilates. Y como ella era la sociable de la pareja, asumió como obligación el mantener al día a las amistades -el estar en la misma zona horaria también ayudaba- y de alguna manera, proteger y cuidar, socialmente hablando, a Jules. Es decir, ya que Jules había desaparecido de la vida social, ella hablaba de él, se inventaba cosas sobre su vida confinada en la isla, y justificaba sus ausencias alegando problemas de conexión. Jules no era consciente del enorme trabajo que ella hacía al respecto.

Y mientas, nuestra otra pareja -John y Jeremiah- seguían cada uno a lo suyo. Cada mediodía, bajo un sol primaveral espléndido, John salía con su traje de astronauta hacia la pizzería. Del mismo modo, cada día, bajo el fosforescente de la cocina, Jeremiah le había vuelto a hablar de su proyecto de revolución mundial y de que era el momento propicio para golpear a la gran masa consumista y descreída a través de un ataque terrorista biológico, desde el mismo corazón del mundo burgués capitalista, agnóstico y escéptico -¿se refería a la empresa de pizzas a domicilio?- …en fin, mejor no seguir con este delirio. Los de Fiódor Mijáilovich Dostoyevski resultan más interesantes.

John no sabía de qué vivía Jeremiah ni a qué dedicaba su tiempo -suficiente tenía con ocuparse de sus propias cosas- pero lo que jamás llegó a imaginar era que el verdadero Abdelmalek Abubakar estaba montando una red de acólitos a través de los medios digitales desde la misma cocina que compartían por las noches.

Natalie había terminado su clase de pilates en línea, y tras tanto ejercicio y tanta mujer -curiosamente, la mayor parte de practicantes de pilates son mujeres- le apetecía comer algo tóxico y ver a un hombre de verdad. Y, cómo los más avezados lectores ya se pueden imaginar, no pensó en llamar a Jules, sino que lo primera imagen que le vino a la cabeza fue el pizzero vestido de astronauta.

Jules buscaba historias del pasado que le alejaran del KOBIDXLSUN, Jeremiah terroristas que le acercaran al paraíso terrenal por llegar, Natalie un hombre de carne y hueso que le distrajera…