El otro día me paró en un bar un tipo súper atractivo; sonreía y pronunciaba mi nombre mientras me preguntaba que si no me acordaba de él. A ver, yo no tengo una memoria de elefante, pero de un porte así, una no se olvida. No daba crédito, ¿amnesia? De repente recordé que hace años fui monitora en los scouts, y que aquel apuesto joven era Manuel, uno de los pelaos del grupo que dirigía. Encontrarme le pareció algo fascinante. Comenzó a recordar un montón de anécdotas divertidas y sugerentes que me hicieron quedar con la boca abierta. Su plática se centró sobre todo en lo enamorados que estaban de esta “ex girl-scout” él y sus adolescentes amiguitos. Bueno quien dice enamorados….dice más bien perturbados debido a sus revolucionadas hormonas de acnéicos tennegers. Mi amiga Norma al ver al ex adolescente convertido en un man súper hot, se acercó a participar de la conversación, y cuando vio que los ojos de Manuel brillaban de alegría y concupiscencia no se le ocurrió otra cosa que decirme: Lola, es un yogurín, pero deberías tirártelo, se lo merece.

Manda tu egoal carajo

La monitora de Manuel podría haber sido cualquier otra, poco importa si más guapa o más fea, hubiera quedado prendado del mismo modo, porque en esa época los niños son muy receptivos. Es ahí donde quiero llegar. Posiblemente tú también fuiste monitora, tutora, o diste clases particulares. Quizás seas azafata, enfermera, o trabajes de cajera en un supermercado y aunque no estés en tu mejor momento, seguro que tienes tu club de seguidores. Y no me refiero a los tipos odiosos que te silban por la calle, me refiero a los admiradores de verdad, los que después de 10, 15 o 20 años te recuerdan con cariño. Y si eres varón lo mismo……¿quién no se ha enamorado un poco de su profesor? Recuerdo que un amigo trabajaba en una residencia de ancianos y tenía locas a todas las viejitas.

En “la aldea global” en la que vivimos ser “el más” en algo es casi imposible. Antes si nacías en una aldea chiquita tenías posibilidades de ser la más inteligente del pueblo, el más guapo, la más sexy, o el más ingenioso. Hoy en día la competencia es estrepitosamente mayor. Si en el planeta tierra somos unos 7.000 millones de humanos, las posibilidades de destacar a nivel mundial en algo son una utopía. Esto es terrible para nuestros egos, que tienen la necesidad imperiosa de destacar, de ser los primeros, de poner siempre la guinda al pastel.

¿Sabes qué? Manda tu ego al carajo, no sirve más que para dar disgustos. A cambio te propongo que mejores tu autoestima durante un minuto (el tiempo que tardas en leer el artículo y volver a la cruda realidad) y pienses en alguno de sus fans incondicionales. Quien sabe… a lo mejor mañana te encuentras con el muchachito gordito de brackets y gafas que se sentaba a tu lado en el colegio, convertido en un adonis, y te alegra el día.