La historia de Hermann

La pandemia de la Covid-19 nos está dejando -además de malas noticias, sufrimiento y desesperación- algunas cosas mucho mas positivas y esperanzadoras. Es el caso de la historia de Hermann Schreiber, un anciano alemán que vive en Vigo (Galicia, España) y que durante el confinamiento se hizo viral porque cada día salía a tocar la armónica a su ventana.

una mentira piadosa

En España durante los más de dos meses y medio de confinamiento por el coronavirus, todo el mundo salía a las ocho de la noche a sus ventanas y balcones a aplaudir al personal de salud -y luego a todas las personas que trabajaron y mantuvieron los servicios esenciales durante ese tiempo. Un día a esa hora, Hermman salió a su balcón a tocar su armónica. Escuchó los aplausos y su cuidadora, Tamara Sayar, le hizo creer que le estaban aplaudiendo a él.

Una mentira piadosa que acabó siendo verdad . Al día siguiente, todo el vecindario comenzó a corear el nombre de Hermann pidiendo un concierto. Su historía se ha convertido ahora en un corto del director Jordi García, quien un día se encontró de casualidad con la historia en redes sociales y decidió convertirla en esta bella animación. Un merecido homenaje a todos los héroes anónimos de estos duros meses de pandemia.


La Peregrina, la actriz y Las Perlas

Se cuentan muchas historias sobre La Peregrina, pero la verdadera es la que les voy a contar yo hoy. El que habla es un hombrón medio chombo (“es por parte de mi padre”, dice). Se acaba de sentar a nuestro lado. Así, sin más, sin encomendarse a Dios ni al diablo. Solo deja caer su generoso cuerpo en el apretado espacio habilitado en uno de los asientos externos del ferry que nos lleva hasta isla Contadora, en el archipiélago de Las Perlas. Con permiso, dice, donde caben dos, caben tres. Nos ha visto, sin duda, pinta de turistas.

Hay quien dice que el rey Alfonso XIII, el bisabuelo del actual Rey de España, le regaló a Victoria Eugenia, su mujer, La Peregrina allá por inicios del siglo XX. Pero eso es absolutamente falso. La mejor perla que nunca se haya visto en el mundo salió del fondo del mar “de esas islas que ven allá a lo lejos para hacer un laaaargo viaje”, dice el hombrón arrastrando las vocales a la vez que retira su mirada de nosotros para depositarla en el mar. “Pero nunca acabó en el cuello de la reina hemofílica que sembraría la peste sanguínea en aquella casa real”, sentencia.

una perla muy especial

 

“Muchos tumbos dio esa roquita, aunque su nombre no le viene de ahí, sino por lo rara, caprichosa y especial que es”, continua. En aquel entonces los indígenas de la zona empleaban su tiempo básicamente en bucear para extraer perlas que eran luego utilizadas como ornamento y trueque. Las perlas más famosas del mundo fueron extraídas de estas aguas. Entre ellas, La Peregrina, que le fue entregada a los españoles en señal de vasallaje por el cacique de la Isla de las Perlas en 1515.

Única por su tamaño, en forma de lágrima o de pera, su brillo nacarado y su espectacular color, la perla asombró a Vasco Núñez de Balboa, quien por entonces había divisado por primera vez, desde un lugar de la costa cercano a la actual ciudad de Panamá, el Mar del Sur. “Este mismo en el que nos encontramos”, dice señalando con el índice al agua revuelta por el bamboleo de la embarcación.

La isla de los
famosos

El ferry va perdiendo velocidad. Nos aproximamos a la costa. Ha transcurrido ya la hora y cuarenta minutos que dura el trayecto de poco más de 40 millas (unos 74 kilómetros) desde que zarpamos desde el Balboa Yacht Club en el Caseway de Amador, en la capital.

Luis Carlos se presenta y nos dice que es un apasionado de la historia. Estamos llegando a Contadora. ¿Van a estar muchos días?, pregunta nuestro cronista de viaje espontáneo. Y sin esperar respuesta nos suelta “la isla es bien pequeña por lo que seguro nos volvemos a encontrar un día de estos y les acabo de contar el cuento verdadero de La Peregrina. Un placer”, y desaparece.

Descendemos del ferry a una lancha que nos acerca a playa Galeón. A unos metros de la orilla toca mojarse los pies en unas aguas cristalinas verde turquesa, más propias del Caribe que del Pacífico, y caminar hasta la arena.

Aunque el café de Playa Galeón ya está abierto, decidimos echar a andar carretera arriba destino a nuestro hospedaje. A pocos metros encontramos la pista de aterrizaje, 645 metros, justo el ancho de la isla. Este es el único aeropuerto y al que llegan los vuelos desde Panamá (unos 20 minutos de trayecto).

Apenas son las 9 de la mañana y el sol ya pega duro. Decidimos alquilar un carrito de golf en la agencia de viajes Coral Dreams ($40), situada a la par del aeropuerto, justo al inicio de la subida en dirección a Playa Caracol, una de las 11 playas paradisíacas con que cuenta la isla.

Dejamos nuestras maletas en la habitación y corremos (es un decir) a visitar Playa Cacique. La carretera nos deja muy cerca de esta pequeña cala desde la que, entre junio y octubre, no es difícil avistar alguna ballena jorobada. Panamá es el único lugar en el mundo donde llegan miles de estas ballenas, tanto del hemisferio norte como del sur, a reproducirse y dar a luz.

En la tarde, y después de una merecida siesta, dudamos entre visitar Playa Las Suecas, la única playa nudista de la isla, y probablemente de todo Panamá, o Playa Ejecutiva. Nos decidimos, y no por cuestiones morales, por esta segunda.

tiempos de gloria

En otros tiempos, a Contadora solían llegar actores y actrices de renombre mundial, como John Wayne o Mario Moreno Cantinflas, o cantantes como Julio Iglesias. Símbolo del lujo tropical durante las décadas de 1970 y 1980, también potentados y políticos se dejaban caer por la isla. Allí, por ejemplo, se bañaron los Kennedy y se encontraron en su momento Gabriel García Márquez y el general Omar Torrijos. En la mansión del expresidente panameño también estuvo Jimmy Carter durante las negociaciones de los tratados de la devolución del Canal de Panamá.

Muchos presidentes de países vecinos como Alfonso López Michelsen, de Colombia; Carlos Andrés Pérez, de Venezuela; o Daniel Oduber, de Costa Rica, recalaron en la isla como huéspedes de Torrijos y Gabriel Lewis Galindo el “descubridor” moderno -y por casualidad- de este paraíso. Al parecer, el yate de Lewis Galindo se averió frente a Contadora. El empresario y diplomático panameño quedó tan prendado que decidió comprar al gobierno las 110 hectáreas de isla en 1968 para construir una gran mansión y, a su vez, impulsar su desarrollo turístico e inmobiliario de lujo.

Años más tarde, en 1980, el último Sha de Persia, Mohammad Reza Pahlavi, se exilió junto a su esposa Farah Diba, en la isla tras el triunfo de la revolución islámica en Irán. En Punta Lara, otra de las mansiones de Lewis Galindo, vivió de prestado el Sha durante unos años.

La mayoría de los famosos que pernoctaban en la isla lo hacían en el Hotel Contadora. De estilo colonial francés y construido con maderas nobles, del lujoso resort apenas queda su recuerdo y los escombros del imponente edificio que fue: 365 habitaciones, además de casino, centro de convenciones y otra multitud de servicios. Sus restos, como los del catamarán Las 7 Perlas, que en los tiempos gloriosos transportaba a los turistas, se pueden ver en playa Larga.

Se hizo la noche. Terminada la pizza que nos pedimos de cena en el restaurante Casa Tortuga, decidimos estirar un poco más la velada con un salami de chocolate al que acompañamos, después del café, con un par de roncitos. En esas estábamos cuando vimos aparecer a Luis Carlos, nuestro improvisado guía. “Vieron, ya les dije que nos encontraríamos de nuevo”.

“¿Dónde nos habíamos quedado?”, pregunta tras sentarse a nuestra mesa. Ah, sí, responde sin esperar respuesta, en Vasco Núñez de Balboa.

Una perla
de leyenda

La leyenda (“la real, la que yo les estoy contando, eh”, insiste el hombre) cuenta que la extraordinaria perla sería comprada allá por el siglo XVI por un comerciante español, al que a su vez se la adquirió el gobernador, que luego se la vendió a la bella emperatriz Isabel I de Portugal, esposa de Carlos I. Tiziano, el pintor renacentista italiano, la retrató en un cuadro que todavía hoy se conserva en el Museo del Padro de Madrid.

La Peregrina la heredó luego el hijo de ambos, Felipe II. El prudente, como se le conocía, se la ofreció a su esposa María Tudor. “A la segunda esposa de este rey le encantaba lucir perlas”, continua con una media sonrisa en su boca nuestro inopinado acompañante. “La mujer inglesa entendió que, a su muerte, esta y otras joyas debían quedar en el país que la hizo reina. Y así se conservó en España durante generaciones de monarcas y la lucieron varias reinas -algunas retratadas con la perla maravillosa por Velázquez, el famoso pintor español- hasta que Napoleón Bonaparte decidió invadir la Península Ibérica”.

“¿Cansados?”, pregunta Luis Carlos, al que no se le echan sus 58 años (segundo dato que conocemos de él). El día ha sido largo: playa, sol, playa…y mañana nos espera una ruta por varias de las más de 220 islas e islotes que componen el archipiélago. “Vayan a descansar”, dice apurando su ron, “seguro que volvemos a tropezarnos y les acabo de contar la historía verídica de La Peregrina”.

Apenas sale el sol y ya estamos de nuevo en Playa Galeón. Nuestra barca nos espera (el tour de hoy también se puede hacer en yate o velero, el alquiler completo ronda los mil dólares, pero el presupuesto no nos da para tanto). Partimos hacia Saboga, la isla más cercana a Contadora y segundo polo de atracción turístico del archipiélago. En el camino recorreremos y pararemos en las islas Boyarena, Mogo-Mogo y Chapera, y en varios islotes con playas vírgenes, de arena blanca. Haremos snorkel en sus aguas cristalinas y podremos apreciar la belleza y riqueza de su fondo marino.

napoleón la llevo a francia

Nos apetecería poder acercarnos también hasta la isla del Rey, la más grande del conjunto y la segunda más grande Panamá después de Coiba. O a la isla San José, un paraíso privado donde se ubica el hotel de lujo Hacienda del Mar. Situada a unos 90 km. de la ciudad de Panamá y cercana al área conocida como los Explosivos, en los alrededores de esta isla el fondo del mar baja precipitadamente hasta una profundidad de más de 9000 pies, por lo que es ideal para practicar la pesca submarina. Decidimos que, en un próximo viaje, tomaremos el avión para acercarnos a conocer la isla más meridional del archipiélago.

Comienza a caer la noche cuando estamos de regreso en Contadora. Iremos a cenar unos mariscos a Gerald’s, el bred & breaksfast más conocido de la isla, según cuentan. Quizás nos topemos de nuevo con Luis Carlos.

Domingo. 2:30 PM. Acabamos de almorzar en el café de Playa Galeón, desde donde vemos llegar el ferry que nos devolverá a Panamá. Luis Carlos no apareció la pasada noche. Quizás no lo volvamos a ver.

Ya a bordo, el ruido constante y monótono del motor del ferry nos obliga a dar más de una cabezada. En una de esas, oímos una voz conocida. “¿Qué, amigos, dispuestos a escuchar el final de la historia?” Es, por supuesto, Luis Carlos.

“En 1808”, continua su relato nuestro enigmático historiador, “Bonaparte acabó llevándose a Francia todas las joyas reales españolas, incluidos los 71 quilates y medio de La Peregrina”. Según nos cuenta se la regaló a su esposa Julia Clary. Tras su separación la perla la heredó su hijo Luis Napoleón-Bonaparte. Una vez derrocado, éste se exilió en Inglaterra, donde vendió La Peregrina al marqués de Abercón. Más tarde, en 1914, la compraría la firma de joyeros britranicos R.G. Hennell & Sons.

Por aquel entonces, parece que Alfonso XIII quiso adquirirla, pero no le alcanzó la plata, por lo que se hizo con una copia que le regaló a su mujer. Tras pasar por varias manos de particulares, en 1969 La Peregrina fue subastada como lote número 129 por la firma Parke Bernet de Nueva York. Se cuenta que entre los que pujaron estaba Alfonso de Borbón Dampierre, nieto de Victoria Eugenia, pero quien se llevó la joya fue Richard Burton. El actor pagó 37,000 dólares por la perla y se la regaló a Elizabeth Taylor, “a quien todavía amaba locamente”, nos dice Luis Carlos con un mohín en los labios.

Luego, la actriz mandó a la firma Cartier diseñar un collar exclusivo de rubíes y diamantes para exhibirla –también en un par de películas- colgada de él. A su muerte, en marzo de 2011, La Peregrina salió a subasta en en la sala Christie’s de Nueva York en diciembre de ese mismo año con un precio de inicio entre dos y tres millones de dólares. El comprador final pagó la friolera de 11.8 millones, récord en una subasta, por la mítica y viajera joya.

“¿Y quién la compró?”, preguntamos a Luis Carlos. “Nunca se ha conocido el nombre del comprador”, responde mirando con tristeza al horizonte como tratando de obtener una respuesta. “Llegamos a Panamá”, dice al cabo de unos segundos. Estamos embocando el embarcadero del Balboa Yacht Club. A nuestra izquierda, un buque va saliendo del Canal.

Comienza a caer la tarde sobre la ciudad. Buscamos con la mirada a Luis Carlos, para despedirnos pero, como en el viaje de ida es como si, de repente, se lo hubiera tragado el mar. Quizás nos lo volvamos a encontrar. Quién sabe.

Nos llevamos a casa el recuerdo de este apasionado de la historia y su relato de La Peregrina, la perla más asombrosa y viajera del mundo, que salió un día de hace cinco siglos de las aguas del archipiélago de aguas cristalinas y turquesas al que, seguro, regresaremos pronto.


Graffitis por los derechos de la mujer

Son mujeres, son árabes, tienen voz, su mirada también cuenta, y el arte es la herramienta que utilizan para transmitir lo que sienten. Su cruzada es graffitera y se conoce como Women on Walls (WOW): pintan paredes que hablan de ellas. Todo comenzó en Egipto durante lo que se conoció como la Primavera Árabe y continúa hasta hoy. El movimiento no ha parado, sigue su rumbo impulsado por la razón, algo natural si consideramos que hay mucho que hacer y decir en países en los que la mujer permanece en silencio, amordazada por siglos de incomprensible dominio masculino.

imágenes potentes

El graffiti, una de las manifestaciones artísticas más extendidas en el mundo cuando se quiere propagar sentimientos de protesta, difundir mensajes de rebelión política, llegar a la gente a través imágenes potentes pintadas en muros, fue un recurso poderoso en el Egipto del 2011, más concretamente a partir del 25 de enero, cuando la revolución provocó la renuncia del presidente Hosni Mubarak tras 28 años de Gobierno. En aquella época, las paredes del país se llenaron de pintadas satíricas, de burlas a los líderes políticos y militares, de murales con figuras faraónicas y bíblicas invitando a la gente a reconectarse con un pasado glorioso. Aquellos graffiteros eran mayoritariamente varones, pero con el paso del tiempo, y con cierta timidez, apareció el proyecto Harimi (antecesor de Women on Walls), que concedió más presencia a la figura femenina, otorgándoles una mayor visibilidad en los espacios públicos, conquistando aquellas paredes que hablaban a través del color, la imaginación, la creatividad y el realismo más crudo.

Tratadas como
objetos sexuales

Pero no fue fácil. Las mujeres continuaron siendo excluida de los procesos políticos, eran atacadas violentamente en espacios revolucionarios como la plaza Tahrir, y tratadas como meros objetos sexuales gracias al estereotipo imperante que las considera inferiores al hombre. Fue entonces cuando nació Women on Walls, con el objetivo de educar al público sobre la situación de las mujeres árabes y promover sus derechos utilizando como plataforma el arte urbano.

Mia Gröndahl, periodista sueca y documentalista de arte callejero, y Angie Balata, gestora local del proyecto fueron las que iniciaron la aventura con un libro explicando este incipiente fenómeno. Así nació WOW. En abril de 2013, cerca de 40 artistas participaron en campañas en El Cairo, Alejandría, Luxor y Monsoura, comenzando a dar forma al movimiento de las mujeres árabes graffiteras que, por fin, tenían el valor de hablar después de tanto silencio. El programa incluía la organización de talleres en la localidad de Anafora, donde se analizaban temas sensibles relacionados con problemas de género y cómo llevarlos a las calles. Posteriormente, los artistas regresaban a sus ciudades para diseñar piezas en las que reflejaban lo aprendido.

la voz de la mujer

Hace unos años se llevó a cabo la segunda edición y el movimiento comenzó a expandirse por la región. Aquel mismo año, WOW, en colaboración con el teatro Al Balad, organizó el primer festival de arte urbano en Amman (Jordania) bajo el lema “ Del miedo a la libertad”. Veinticinco artistas graffiteros de Egipto, Jordania, Catar, Bahrain, Palestina, Yemen y Siria pintaron el muro más largo de Oriente Medio en apoyo a las mujeres y sus derechos.

El proyecto continúa consolidándose, ya no se trata de un ensayo idealista, es la voz de la mujer de esa región del mundo que se revela en forma de inspiración artística. No las verás nunca pintando solas, porque temen el acoso al que aún están expuestas. Las encontrarás encaramadas en escaleras, andamios, grúas, lanzando su mensaje a la sociedad, esa sociedad que las mantuvo ocultas detrás de las mismas paredes que ahora ellas pintan con optimismo.


Siete playas para perderse

Arena, sol, palmeras, una hamaca, bebida helada, buena compañía, olas… Tranque interminable, vecinos compartiendo su reggaeton, cochinos que tiran sus latas en la arena… Son algunas de las cosas buenas y de las malas del verano. Sin embargo, hay vida más allá de Gorgona, San Carlos o playa Langosta.

Panamá tiene casi 3,000 kilómetros de costa, entonces ¿por qué tenemos que ir todos a los mismos lugares? En este artículo queremos sacarte de la rutina y descubrirte siete lugares solitarios para desconectar.

1

Boca brava

Empecemos la ruta en Chiriquí, en la isla de Boca Brava, y más exactamente en una pequeña península en su lado sureste. Allí se ubica el hotel Cala Mia, un complejo con 11 bungalows con vistas al mar y a escasos metros de la playa, con piscina panorámica y múltiples posibilidades: pesca, buceo, avistamiento de ballenas, rutas a caballo, convivencia con familias Ngöble-Buglé… Precio desde $259 para dos personas con desayuno.

2

Cebaco

Desde allí nos vamos acercando a la península de Azuero, donde el turismo masivo aún no ha hecho de las suyas y donde se pueden encontrar destinos tranquilos y playas kilométricas casi desiertas. El primero es isla Cébaco. En su lado sur se ubica la espectacular playa Grande, de arena blanca y fina, totalmente solitaria, muy larga y ancha. En ciertas épocas del año puede haber algunos surfistas que duermen en las casas de los pocos habitantes de la zona o directamente en sus carpas. Eso sí, hay que llevarlo todo porque no hay ningún sitio cercano para comprar.

3

Torio

Cruzamos al otro lado. Casi al frente de Cébaco está Torio. Esta zona mantiene el encanto de los pueblos del interior, la amabilidad de sus gentes y el ritmo pausado de la vida. La playa es larga, ideal para hacer surf porque tiene olas pero hay muy poca resaca. Cerca hay otras playas como playa Reina o Morrillo que también merece la pena visitar. Un consejo: gírate y mira al interior, ya que los paisajes en esta zona parece que están pintados de verde fluorescente. Y para descansar un par de recomendaciones: el Hotel Camino del Sol, desde $160 la habitación doble, y Punta Duarte Garden Inn, desde $85.

4

Cambutal

Bajando por Azuero llegamos a Cambutal. Su paisaje parece el escenario de Jurassic Park, por la exuberancia de su vegetación y por el enorme tamaño de su playa, donde no es raro cruzarse con algún local montando a caballo. Es, además, un paraíso para los surferos, y no tiene, de momento, el bullicio de Venao. Allí te recomendamos el Hostal Kambutaleko que, desde $45 la habitación, tiene acceso directo a la playa y unas privilegiadas vistas. Para bolsillos más adinerados la opción es el Hotel Playa Cambutal, desde $135.

5

Playa Muerto

Seguimos en el Pacífico pero nos saltamos toda la zona turística y de resorts para llegar a Darién, a Playa Muerto concretamente. Este pequeño pueblo es una de las pocas comunidades emberá costeras de Panamá, y queda fuera de la comarca Emberá-Wounaan. Muy pocos turistas llegan aquí, pero la mezcla entre cultura indígena, playas vírgenes y selva primaria hacen de Playa Muerto un lugar casi único. Olvídate de comodidades, aquí no hay hoteles ni restaurantes, apenas unos ranchitos elevados para poner la hamaca o tienda de camapaña por $5, aunque también puedes hacerlo en la playa. Con la marea baja puedes ir a otras playas casi vírgenes como  Fondeadero, Chorrito o Cocal.

6

Golfo de los Mosquitos

Y nos vamos al Caribe, una costa totalmente virgen en algunos tramos, como el llamado Golfo de los Mosquitos, desde desde la península Valiente, en la comarca Ngäbe-Buglé, pasando por la costa norte de la provincia de Veraguas y finaliza en la desembocadura del río Coclé del Norte, al oeste de la provincia de Colón. Allí hay playas espectaculares y vírgenes como Aguacate, Limón, Caimito, Palmira… aunque tienen un pequeño problema: el acceso es posible únicamente por barco. Para hacerse una idea de la zona un buen lugar es Nuevo Chagres, donde está el Hotel Morgan Bay, un alojamiento sin lujos pero correcto, con acceso directo a una pequeña y solitaria cala donde disfrutar de las aguas del Caribe con precios desde $12.

7

Península Valiente

Saltamos todo el Golfo de los Mosquitos y llegamos a la península Valiente, en la comarca Ngöbe-Buglé. La zona es prácticamente virgen para el turismo, pero esconde rincones de una belleza incomparable. En la parte norte de la península está Kusapín, el pueblo más grande, en una zona perfecta para surfear. Hacia el sur las opciones son dos: hacer una ruta a pie de unas cinco o seis horas hasta Tobobe con un guía, o tomar un bote y recorrer la costa. Por el camino, playas desiertas de arena blanca, arrecifes de coral, pequeñas aldeas… Para dormir tendrás que llevar hamaca o tienda de campaña y la mayoría de las provisiones.

Nosotros ya te hemos dado las opciones, ahora tu decides si quieres salir de lo habitual o seguir peleando por un ranchito en la playa de turno.

Foto: Khachik Simonian


Talese, el voyeur y el push

¿Han conocido alguna vez a un hombre casado, padre de dos hijos, que, con el consentimiento y apoyo de su mujer, haya comprado un hotel para adecuarlo de tal manera que pudiera mirar sin ser visto las prácticas sexuales de sus huéspedes por más de una década? Probablemente, ustedes no. Guy Talese, sí.

El padre junto Tom Wolfe del Nuevo Periodismo ha tardado 36 años en contarnos en una extensa crónica publicada por la revista The New Yorker, como anticipo del libro que está por venir, por qué Gerald Foos (que así se llama el voyerista) adquirió el motel Manor House ubicado en la localidad de Aurora, Colorado, Estados Unidos.

Después de desmenuzar críticamente en The kingdom and the power (1969) al medio de comunicación más poderoso del mundo, The New York Times, y en el que comenzó como «chico de la fotocopiadora» para pasar luego a ser reportero de deportes; después de intimar con los Bonano, una de las más temibles familias mafiosas italoamericanas en los 60 -el periodista es hijo de un sastre de origen italiano- y contárnoslo, siempre en primer persona, en Honor thy father (1971); después de investigar durante más de diez años las costumbres sexuales de los estadounidenses y relatarlo en Thy neighbor’s wife (1981), Talese se ha reservado, quizás, en el que sea su último gran relato de no-ficción, su obra más polémica. Si cabe.

Espió a sus
clientes

Foos cuenta al periodista con todo lujo de detalles como comenzó, allá por 1966, a espiar a sus clientes. Parejas del mismo sexo, de sexo contrario, tríos, grupos, dúos caucásicos, interraciales… miles de relaciones sexuales minuciosamente anotadas por el gerente en el diario que años más tarde le proporcionaría fotocopiado a Talese para que lo convirtiese en periodismo literario.

Tal que de un informe sobre comportamientos sexuales se tratara, Gerald Foos fue apuntando todas y cada una de las prácticas y posiciones (penetración, sexo oral, masturbación, delante, detrás, encima, de lado…) que realizaban sus huéspedes. También las peculiaridades físicas, anímicas, psicológicas o sociales de aquellos que visitaban por una noche su push.

Al finalizar el año, Foos redactaba un informe. Así, cuenta Talese, sabemos que, por ejemplo, en 1973 de los 296 actos sexuales que registró, 195 fueron entre blancos heterosexuales, la mayoría de ellos fans de la posición del misionero. Foos contabilizó ese año 184 orgasmos masculinos por 33 femeninos, lo que vendría a reafirmar la teoría que las mujeres les cuesta llegar al orgasmo (o su partner no logra hacerlo). O que si bien ese mismo año solo observó cinco actos sexuales entre parejas de distinta raza, siete años más tarde el número había aumentado hasta 25, lo que vendría a ser una pequeña, pero significativa muestra, de los cambios sociales experimentados en el país.

De esta forma Gerald Foos no solo pudo disfrutar contemplando los actos sexuales de otros -al parecer, según Talese, algunos los miraba en compañía de su mujer, por lo que el observatorio situado sobre el techo de las habitaciones de los huespedes hizo las veces de extensión de la cama matrimonial- sino que desarrolló una minuciosa investigación sociológica. Algo así como la actualización y ampliación no autorizada (y fraudulenta) del informe Kindsey, dos inmensas investigaciones científicas sobre el comportamiento sexual del hombre y la mujer estadounidenses llevadas a cabo por el doctor Alfred C. Kinsey y su equipo unos pocos años antes que al hotelero le diera por poner en práctica su voyerismo.

Hasta aquí, todo, más o menos bien (recuerden que el dueño del push fue testigo de todos estos actos sexuales sin el consentimiento de las personas que se alojaban en él). La polémica (y el por qué les contamos esta historia) se ha desatado en Estados Unidos porque el reportero no solo ocultó durante más de tres décadas los actos delictivos de Foos sino que, como reconoce en el artículo, fiel a su estilo de inmiscuirse activa y personalmente en las historias que narra, participó como voyerista la primera vez que conoció a Foos y éste lo llevó a su hotel.

Los años que Talese guardó su historia parecen tiempo suficiente para que los posibles delitos cometidos por el reportero y el voyerista hayan prescrito. El debate sobre los límites éticos del periodismo está servido.

Pero por si esta polémica no les interesa, al menos fíjense bien en las paredes y techos de los push, si es que piensan visitar alguno en el futuro.

Ilustración: portada del libro de Guy Talese


El vaquero que devolvió el Canal a Panamá

En los años 70, Omar Torrijos emprendió una cruzada diplomática para conseguir que Estados Unidos entregara la administración del Canal de Panamá y el cierre de todas las bases militares estadounidenses en territorio panameño. Si la vía pacífica fracasaba había un plan B: Un comando entrenado y listo volar el Canal y paralizarlo. ¿Cómo habrían respondido los estadounidenses en caso de que se hubiera llevado a cabo este ataque? Por suerte nunca lo sabremos.

A Torrijos le apoyaron la mayoría de los gobiernos de izquierdas de América, también Gabriel García Márquez o Graham Greene, el escritor guatemalteco Arqueles Morales o el nicaragüense José de Jesús Martínez, hombre de confianza del general, y de quien se dice que murió de tristeza tras la “extraña” muerte de éste en un accidente de avión en el interior de Panamá.

John Wayne apoyo a
Torrijos

Pero Torrijos contó con un inesperado y valioso apoyo, el del actor estadounidense John Wayne, que estaba en el polo opuesto al general en cuanto a ideología: era un convencido republicano y el ejemplo típico del modo de vida americano. Sin embargo, su simpatía por el líder panameño fue inquebrantable y su aval a la causa liderada por Torrijos ayudo decisivamente a que muchos de los senadores de su país entendieran el problema.

¿Porqué hacía todo eso Wayne? Pues porque estuvo casado con una panameña y le encantaba nuestro país, tanto que se compró una isla en el Archipiélago de las Perlas. Taborcillo, que hoy es conocida como la isla de John Wayne. El actor visitó Panamá en muchas ocasiones, conoció a Omar Torrijos y, sobre todo a Rómulo Escobar, principal negociador de los Tratados de Canal, quien en un artículo contaba una curiosa historia que le ocurrió con el vaquero más famoso de Hollywood.

“Cuando Omar Torrijos nos presentó le dijo a Wayne que frente a él estaba el jefe del proceso negociador. Wayne me miró fijamente, con esa media sonrisa que brotaba de sus ojos achinados y bajaba a sus labios y me dijo: ‘¿De modo que tú eres quien me ha hecho trabajar triple con mi gente por culpa de tu comunismo?’. Antes de que yo pudiera replicar, añadió: ‘si te hubiera conocida antes a lo mejor hubiéramos evitado tantas peleas. Pero no importa, la Casa Blanca también tiene sus comunistas’. Le conteste que él, por el contrario, me había hecho disfrutar un montón de veces con sus películas”.

Cuando el duke, como cariñosamente le llamaban, falleció, Torrijos dijo: “John Wayne es uno de los pocos artistas que jamás permitió que el cine deformara su personalidad. Su brújula de pensamiento no tenía como puntos cardinales la izquierda o la derecha sino lo justo o lo injusto. Su triunfo como artista consistió en obligar al cine a enlatar y poner en celuloide su verdadera personalidad, en modo de ser y de pensar. Por eso, a través de John Wayne, se reflejó en la pantalla el auténtico carácter y modo de ser el pueblo norteamericano”.

Imagen: Freevector


MEJORES PLAYAS PARA SURFEAR EN PANAMÁ (II)

Tras el análisis realizado a los mejores sitios para surfear en las regiones de Darién, Colón y Península de Azuero, hoy es turno de continuar nuestro viaje de surf por la Panamericana hasta llegar a la provincia de Veraguas.

Antes de llegar a la ciudad de Santiago hay que tomar la desviación hacia el sur que lleva a La Atalaya. En esta área se encuentra uno de los lugares más increíbles para la práctica del surf. Playa Morrillo es un punto que se está convirtiendo en todo un paraíso para surfistas, puesto que aquí, el acceso al agua está restringido a los que practiquen este deporte, y este lugar, de momento, es bastante desconocido. Una playa con fondo rocoso, fuerte y tubular oleaje que presenta tanto olas de derechas como de izquierdas y cuyas condiciones óptimas para surfear se dan en marea media y baja.

Volviendo a la Panamericana y llegando hasta la localidad de Soná, hay que tomar el desvío hacia el sur para llegar a Santa Catalina, principal punto de acción de la provincia de Veraguas. Aquí podemos encontrar varias playas en las que entrar con la tabla y disfrutar de un magnífico día en el agua. A la playa de Santa Catalina vienen surfistas de todas las partes del mundo puesto que es una de las playas más famosas de Centroamérica. Aquí encontrarás una punta principal, al lado del pueblo, con suelo de rocas agudas y olas tanto de izquierdas como de derechas, siendo mejores estas últimas. Además podemos encontrar tubos increíbles y olas largas y fuertes tanto en la marea media como en la alta. Aún así, si el mar está vivo, también se puede surfear en marea baja.



En el lado opuesto de Santa Catalina está la conocida como Punta Roca, una playa a la que hay que acceder con lancha o después de una caminata de 30 minutos por un camino de rocas. Aquí encontramos un fondo rocoso, con olas huecas y, predominantemente, de izquierdas, donde los mejores momentos para la práctica de este deporte es en marea baja y media. Aquí hay que tener especial cuidado ya que esta punta se caracteriza por haber roto más de una tabla.

Ola en Santa Catalina
Ola en Santa Catalina

A la izquierda de la punta principal de la playa de Santa Catalina, se encuentra la Playa del Estero. Esta playa es más accesible para los más inexpertos, sobre todo en marea baja, ya que la afluencia de olas es alta en todas las mareas. Aquí el fondo es arenoso, con olas largas y potentes, tanto de derechas como de izquierdas, cuya condición óptima se da en marea media. A la izquierda de Estero, hay otro spot impresionante, eso sí, nada recomendable para los más inexpertos y hay que aconsejar a quienes vayan que lleven zapatos de surf, pues las rocas del fondo son puntiagudas. Aquí hay muy buenas olas en la marea baja, con o

las de izquierdas y derechas, siendo las de izquierdas mucho mejores y presenta una rotura fuerte y formando amplios tubos. ¡Una maravilla para los más expertos!

Para finalizar el recorrido de surf por Veraguas, les recomendamos hacer un trip a la Isla Cébaco. Para llegar aquí deberán preguntar a cualquier lanchero en Santa Catalina por cuánto le cobran por ir hasta allí. El viaje demora una hora por lo que no debería costarle más de $15 por persona. Una vez en la isla podrás encontrarte con tres puntos para surfear. El primero de ellos tiene olas de izquierdas y de derechas en suelo arenoso, interesante para los inexpertos. El otro tiene exclusivamente olas de derechas sobre un fondo rocoso. Y por último, otro punto en el que las olas son de izquierdas y también con suelo de roca. Aquí el riesgo que puedes encontrar es que esta isla es conocida por ser visitada por peces de gran tamaño, por lo que se recomienda llevar, junto con la tabla, un equipo de snorkel y disfrutar de la belleza de la fauna marina aquí.

 

Chiriquí

En caso de querer ir a las playas de la provincia de Chiriquí a surfear, lo que tienes que hacer, unos quince minutos después de pasar Santiago y llegando a al Departamento de Agricultura, deberás girar a la izquierda y continuar la carretera unos quince o veinte minutos más. Sabrás que has llegado porque encontraras de rente una caseta con lanchas en el agua. Aquí se toma el bote para ir a la playa de Morro Negrito, un lugar donde, en días de buen oleaje, el surf es de lo más divertido.

Morro negrito tiene varios puntos diferentes en los que poder aventurarte con tu tabla. El principal, está situado frente al pueblo, una playa de suelo rocoso y olas de izquierdas recomendable para surfistas con experiencia. Más adelante de este punto hay otro lugar en el que se forman, también olas de izquierdas, pero con mayor potencia que las anteriores formando largos tubos. Del otro lado de la punta, en la zona en la que desemboca el río, se encuentran dos spots más accesibles para gente más principiante, con suelo de arena y buenas olas tanto de derechas como de izquierdas.

Continuando hacia el norte encontramos la Playa de Las Lajas. A ochenta y ocho kilómetros de David, se encuentra esta playa aprovechada por los surfistas locales más inexpertos. Las olas aquí algunas veces son buenas, pero por lo general no es precisamente una playa muy buena. Pero recomendamos esta playa porque en caso de tener un 4x4, puedes conducir un poco más lejos y descubrir algunos spots bastante desconocidos por la mayoría de los surfistas que vienen a Panamá. Podrás llegar a puntas más aisladas en las que hay olas tanto de derechas como de izquierdas en todas las mareas, lo que hace que el surf aquí sea posible, prácticamente, a todas horas.

Ola en Punta Burica
Ola en Punta Burica

Además, desde la playa de Las Lajas, así como desde la de Morro Negrito, salen los botes que van para las Islas Silva de Afuera y Silva de Adentro. La primera de ellas tiene dos puntas bien diferenciadas a ambos lados. La punta derecha presenta una ola grande y potente sobre un fondo rocoso, que se hace poco profundo en marea media, y tubos; la única pega, que la ola es corta. La punta izquierda nos trae buenas olas de izquierdas sobre arrecife, más largas que en la otra punta, pero hay que andarse con cuidado ,pues hay rocas en medio que no son fáciles de esquivar.

Silva de Adentro, situada al costado de la anterior, tiene olas muy buenas, cuando el oleaje acompaña, de derechas sobre fondo de arrecife con buenos tubos y mucha fuerza.

Una vez llegamos a David, la playa más cercana que tenemos para surfear es la que se encuentra a 25 kilómetros de aquí. La playa de La Barqueta ofrece surf a todos los niveles. Con fondo arenoso, este lugar tiene olas tanto de derechas como de izquierdas y nos las brinda en todas las mareas, siendo la media la mejor. Aquí es mejor también entrar en el agua en momentos que no haya mucho viento, como por ejemplo, temprano en la mañana.

La última de las playas de Chiriquí y también la punta más al norte de Panamá, haciendo frontera con Costa Rica, es Punta Burica. Para llegar aquí necesitarás un 4x4, o en su defecto, una lancha. En caso de ir en 4x4, deberás llegar al pueblo de Puerto Armuelles, y en marea baja conducir durante dos horas hasta llegar al punto con olas para surfear. Aquí hay cuatro puntos izquierdos con olas largas, y es una zona bastante activa. Es una de las mejores olas de la zona, y es necesario llevar una tienda de acampar y comida puesto que no hay nada en la zona.

Bocas del Toro

Cambiando el Pacífico por el Caribe en la zona Oeste del Istmo, encontramos Bocas del Toro, una provincia en la que el surf es el estilo de vida de un gran número de sus habitantes. Dicen que el archipiélago de Boca del Toro es de los mejores sitios de surf de todo Panamá… por algo será.

En la Isla Colón, la principal del archipiélago, podemos encontrar playas como Dumpers, un sitio de olas de izquierdas y fondo de arrecife con una caída empinada, grandes tuneles y viajes cortos. Este lugar es peligroso para los principiantes puesto que el arrecife es puntiagudo. Solo los surfistas con experiencia deben ir aquí y sería recomendable tener un mapa mental de cómo entrar y salir evitando pisar el arrecife.

En esta misma isla encontramos la playa de Punch, un sitio con izquierdas y derechas, muy recomendable para los más expertos. Aquí se podrán divertir con los tubos que se forman así como también podrán hacer saltos. Esta playa es buena también para la mayoría de principiantes aunque deben tener cuidado con el arrecife.

Otra playa situada en Isla Colón, al final de la carretera, es la denominada Bluff. Este maravilloso lugar de arena blanca impoluta es larga y estrecha con buenos sitios para romper olas. Aunque hay que tener cuidado porque este punto también es conocido por romper tablas. Los túneles son espectaculares, y es un lugar en el que solo pueden surfear los locales, pues rompe muy cerca de la costa.

Surf en Red Frog Beach. Foto: Red Frog Inn
Surf en Red Frog Beach. Foto: Red Frog Inn

Cambiando de isla y yéndonos a la de Carenero -a cinco minutos en lancha de la isla principal- encontramos uno de los mejores lugares para surfear en Bocas. Con olas de izquierdas y grandes túneles, este punto rompe en un arrecife poco profundo por lo que le recomendamos el uso de botas de surf y tomar las precauciones adecuadas para no ir contra el arrecife.

Frente a la Isla de Bastimentos encontramos otro punto espléndido para la práctica de este deporte. Bajo el nombre de Silverbacks, en este punto se pueden conseguir olas de hasta siete metros, con una derecha larga y profunda, con caída honda que forma grandes tubos para un viaje relativamente corto. Aquí es recomendable que acudan los surfistas con experiencia pues mucha gente compara Silverbacks con Hawaii por el tamaño de sus olas.

Por último para concluir este reportaje sobre los mejores sitios en los que surfear de Panamá, encontramos la playa de Red Frog. Esta playa, situada al otro lado de la isla de Bastimentos, presenta puntos tanto de arena como de arrecife, con olas derechas e izquierdas bastante profundas.

Después de este repaso a las mejores playas de surf de Panamá, ya solo queda coger tu tabla y disfrutar de uno de los mejores países del mundo para surfear, con playas prácticamente vírgenes, spots maravillosos, y olas, tanto en el Pacífico como en el Caribe, que harán las delicias de los amantes de este maravilloso deporte.




Surf en Panamá: te descubrimos las mejores playas (I)

Si eres un amante del surf, estás de suerte, porque este es tu artículo. Panamá, a diferencia de otros países como Costa Rica, es todavía muy virgen, tiene muchas playas por explorar, lo que hace que muy pocas personas conozcan el potencial de las olas en el Istmo y se uno de los destinos predilectos de surfistas de todo el mundo.

Aquí puedes encontrar olas para todos los niveles y gustos, desde romper olas hasta coger túneles o hacer movimientos con gran destreza. Además la temperatura del mar -se estima una media de 27 grados tanto en el Caribe como en el Pacífico- es apropiada para no ser necesario el uso de ningún tipo de neopreno.

 



Jaqué

Comenzando este trip surfista por el Pacífico de la región del Darién, encontramos Jaqué, el último pueblo grande al sur de la costa Pacífica de Panamá, antes de cruzar la frontera con Colombia. Aquí viven unas mil quinientas personas, conviviendo comunidades indígenas, afrodescendientes, mestizos y gente que ha migrado por diversos motivos, principalmente de nacionalidad colombiana.

Hacer surf en sus playas es hacerlo en un ambiente idílico, rodeado de una exuberante vegetación y con olas más que surfeables. La playa de Punta Jaqué, con fondo rocoso y olas de derechas de hasta 2,5 metros hacen de este lugar muy complicado para los principiantes, y su mejor momento es en marea media. Más accesible es la playa de Jaqué Beach Break, con arena negra de fondo que rompe tanto a derecha como a izquierda y es mejor en marea media o alta, aunque en baja también se puede surfear.

Ola en Jaqué
Ola en Jaqué

Colón

Subiendo desde Darién y atravesando la comarca Guna Yala, llegamos a la provincia de Colón. En el Caribe Este de Panamá encontramos varios puntos en los que poder surfear y al igual que en el Pacífico de Darién, la mejor época para hacerlo es en época seca, de diciembre a marzo.

Uno de estos lugares es Isla Grande, situada dentro del Parque Nacional Portobelo y a donde se accede en lancha desde el pueblo de La Guaria, donde acaba la carretera. Las playas de esta boscosa isla son de arena fina blanca y el agua en diferentes tonos de azules tiene para surfear un sitio de arrecife profundo con tres puntas. La primera de ellas es un sitio derecho que rompe en las rocas; el otro es un punto céntrico que tiene de derechas y de izquierdas y un lado izquierdo que tiene olas de derechas pero algunas veces a la izquierda.

Si eliges este último spot, hay que ir con cuidado puesto que hay un área de arrecife poco profunda y se recomienda ir con bote a surfear allí. En caso de no poseer uno, lo más recomendable es tomar un taxi acuático que le lleve al sitio y luego también le vuelva a buscar.

Cuango, Colón
Cuango, Colón

Continuando por esta provincia encontramos y pasado Portobelo –como a una hora y media de distancia, continuando la propia carretera- llegamos al pueblo de Cuango. Un área todavía muy inexplorada donde es difícil encontrar surfistas que no sean los propios de la zona. Aquí hay olas tanto de derechas como de izquierdas y son buenas para principiantes.

Al otro lado del lago Gatún encontramos otro enclave perfecto para surfear las cálidas aguas caribeñas. Bajo el nombre de Playa Diablos, este lugar ofrece un muy buen punto de olas a la derecha, eso sí, lo más recomendable es ir temprano en la mañana, cuando el mar está cristalino y vivo, ya que sino hay mucho viento que puede alejarte en exceso. Para llegar hasta esta playa deberás dirigirte hacia el Fuerte Sherman, y continuar por la vía principal hasta que veas un portón, aquí podrás aparcar y caminar a través de la selva hasta la playa.

 

Bahía de Panamá

Bajando desde Colón y atravesando la ciudad de Panamá por el puente de las américas llegamos al área de la Bahía de Panamá, donde encontramos muchos puntos donde surfear esta zona del Pacífico panameño.

En el área de Chame encontramos los famosos Chame Banks. Sede de varias competencias de surf y considerado como el mejor beach break de la bahía de panamá, este lugar presenta una bonita ola tubular con rampas, de hasta casi dos metros y medio, tanto de derechas como de izquierdas. El mejor momento para surfear aquí es en época de lluvias así como en marea media y alta.

Surfista en El Palmar
Surfista en El Palmar

Si continuamos por la carretera Panamericana, muy cerca de Coronado, a 85 kilómetros de la ciudad, encontramos Playa Teta, la cual recibe el nombre por el río que desemboca aquí: Río Teta. Esta playa es muy accesible y cómoda para ir en familia. Aquí encontramos varios puntos surfeables. El primero de ellos es el Frente de Teta, es una mezcla de roca y arena, situada directamente en frente de la desembocadura del río, o dependiendo del viento, un poco a un lado. Presenta olas de izquierdas largas en marea baja y de derechas en marea alta y media. En la punta que se ubica a la izquierda del río podemos encontrar otro punto perfecto para surfear, el cual requiere algo más de nivel que el anterior mencionado. En su mayoría, el fondo es rocoso, con olas largas -si hay buen oleaje- tanto de izquierdas como de derechas que forman asombrosos tubos. El momento idóneo para surfear este lado de Playa Teta es en marea media o alta. Aún más a la izquierda del río encontramos el spot conocido como “Rinconsito”. Recibe este nombre en honor a la playa californiana Rincón, es de fondo rocoso y presenta olas largas de hasta 180 metros de longitud.

Saliendo de nuevo a la carretera principal de Panamá, y pasando el pueblo de San Carlos, podemos encontrar la playa El Palmar. Otro lugar cerca de la ciudad, no llega a los cien kilómetros de distancia, El Palmar ofrece tres lugares donde el surf a todos los niveles es simplemente, perfecto. El primero de ellos, ideal para principiantes, es Frente Palmar. De suelo rocoso, la olas cierran mucho aquí haciendo que el aprendizaje sea sencillo. Punta Palmar, situado a la derecha de la playa anterior, es un punto en el que es necesario buen oleaje y marea alta, pero que en buenas condiciones presenta una ola de derechas muy potente. El tercero y último de los spots que podemos encontrar en El Palmar es el conocido como “Hawaiisito”. Está ubicado a la izquierda del Frente Palmar, de suelo rocoso y con ola de izquierdas en la marea alta, y es cierto que a las olas les pueden faltar poder, sobre todo cuando están muy grandes, pero en buenas condiciones este punto puede ser muy bueno.

 



Península de Azuero

Desviándonos en la Panamericana a la altura de Divisa y entrando en la Península de Azuero, encontramos una región donde el surf es uno de sus activos más valiosos en cuanto a deportes se refiere. Esta región, que se caracteriza por ser el paraíso deportivo de Panamá, tiene varias playas y puntos en los que disfrutar como nunca del surf.

En la localidad de Pedasí podemos encontrar varias playas en las que ir a hacer surf. Una de ellos es Playa Lagarto, una punta de arena que siempre tiene olas, en todas las mareas, y son tanto de derecha como de izquierda, que pueden tener gran fuerza, aunque si son demasiado grandes no valen. Playa Toro, al lado de esta playa, también presenta un buen spot, con suelo de roca y olas tanto de derechas como de izquierdas que son mejores en marea media.

En el pueblo de Limón, a pocos kilómetros pasado Pedasí, se encuentra la Playa de los Destiladeros. Un lugar desde el que se puede acceder a otros puntos de surf que todavía no son muy explorados como la playa de Los Panamaes. Un lugar con fondo rocoso y olas tubulares de izquierdas que son mejores en marea media, y que harán las delicias de los más expertos.

Continuando por la carretera que sale de Pedasí durante treinta minutos, llegamos a Playa Venao. Uno de los lugares más populares de Panamá para hacer surf. Aquí hay varios puntos en los que surfear siendo una playa idónea para todos los niveles. Aquí los más novatos pueden aprender, mientras que los más expertos pueden disfrutar. Suelo arenoso y buenas olas tanto de derechas como de izquierdas hacen que esta playa haya sido sede de varios campeonatos.

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Ola en Dinosaurios, Cambutal

Diez minutos después de Playa Venao, encontramos uno de los mejores puntos de surf de Panamá. Este no es otro que el conocido como Playa Raya, la cual se llama así por la cantidad de aguijones que se pueden ver en el agua. Este lugar es apto solo para expertos y para llegar hasta aquí deberás aparcar en la carretera principal y bajar andando la colina durante cuarenta y cinco minutos para llegar a una playa que en marea baja se convierte en kilométrica. Las olas aquí pueden alcanzar hasta los seis metros de altura, con gran oleaje, formando extensos y espectaculares tubos. El surf en esta playa es tan salvaje que puedes encontrar muchos animales tropicales como tortugas o mantarrayas, y ten cuidado porque también puede haber tiburones.

Llegando al final de la carretera principal que recorre la Península de Azuero, llegamos a Cambutal, uno de los lugares con más playas por explorar de Panamá. Es uno de los lugares favoritos de surfistas de todo el mundo por la calidad y potencia de sus olas así como el desconocimiento que hay del área, lo que hace que las olas estén a tu entera disposición.

Aquí podemos encontrar varias playas en las que deleitarnos con la práctica del surf. Desde playas aptas para los más inexpertos hasta playas tan complejas que muy pocos pueden surfear aquí.

Antes de llegar al pueblo de Cambutal, a la altura de Guánico, podemos encontrar varios puntos en los que surfear. Uno de ellos es Guánico Abajo, perfecta para aquellos que quieran aprender a surfear, con olas constantes tanto de derechas como de izquierdas, cuyo momento culmen se alcanza en marea media y alta. Llegando al pueblo de Cambutal, su propia playa es buen lugar para la práctica del surf. Aquí puedes disfrutar, pues es una playa muy divertida con olas de derechas e izquierdas, y aunque es mejor entrar en el agua con la marea media o alta, también se pueden coger olas en la marea baja. Estas playas son las más propicias de la zona para aprender o mejorar la técnica en aquellos surferos que no sean todavía demasiado expertos.

Una vez pasado el pueblo de Cambutal y adentrándonos -imprescindible el 4x4- en el Parque Nacional Cerro Hoya encontramos varios puntos destinados para aquellos que tienen ya una amplia experiencia. Uno de los más famosos de la región es el denominado “411”, el cual podemos encontrar a unos treinta minutos de Cambutal. Una punta con suelo de roca y una larga ola de derecha que alcanza su estado óptimo en marea media o alta. Al costado de este spot está Dinosaurios. Un punto con fondo de roca que tiene grandes y fuertes olas tanto de derecha como de izquierda y su mejor momento es el de marea media, aunque en baja también se pueden tomar buenas olas.

Finalizando en el Parque Nacional de Cerro Hoya encontramos tres puntos más que hacen las delicias de los más diestros en este deporte. Los Horcones, situado más allá de Dinosaurios, es una playa con suelo de arena y olas de izquierdas y derechas. Al igual que Playa Teta, este punto se encuentra frente a la desembocadura de un río, lo que hace que sea mejor en marea media y baja, aunque en marea alta también se forman olas. Otra de las playas “populares” de Cambutal es Dos Piedras. Una playa peligrosa por el hecho de que sobresalen dos formaciones rocosas contra las que hay que tener la precaución de no chocar. Esta situada al final de la playa de Los Horcones y es mejor en marea media. Por último, hay que destacar una de las playas más impresionantes para la práctica del surf en Panamá. Esta no es otra que la llamada Corto Circuito, la cual está situada al final de la carretera, dejando atrás la playa Dos Piedras. Es el verdadero papá de Cambutal con suelo de roca, olas grandes, largas y grandes tubos. ¡Un imprescindible para los más expertos!

¡No te pierdas el próximo viernes 19 la continuación de este artículo, donde recorreremos las provincias de Veraguas, Chiriquí y Bocas del Toro, ofreciéndoles las mejores playas para surfear del Istmo!