¿Sabes por qué se contagia el bostezo?

Os invito a bostezar conmigo, algo que haréis con seguridad mientras leéis esto, aunque no me estéis viendo. Es curioso lo del contagio de los bostezos, todo el mundo sabe que sucede pero desconoce el por qué, incluso los científicos no se ponen de acuerdo al respecto. El origen de esta acción espontánea continúa siendo para ellos motivo de controversia y especulación, aunque parecen coincidir en que están relacionados con la empatía y los vínculos sociales. Algunos investigadores sostienen que, al ser los bostezos capaces de contrarrestar aumentos transitorios de la temperatura cerebral y corporal, esa puede ser una razón para preservarlos evolutivamente y condicionar su naturaleza contagiosa. Los seres humanos actuamos por imitación, lo que es bueno para uno es bueno para todos, obramos generalmente por empatía, una expresión primitiva de pensamiento social.

Según Matthew Campbell, profesor de psicología en la Universidad de California, «una posibilidad es que en las especies sociales que coordinan sus niveles de actividad, copiar los bostezos puede ayudar a sincronizar el grupo». También hay quien proclama que la familiaridad, la proximidad genética, provocan un aumento del contagio de los bostezos. Es decir, te contagiarás más de tu madre que de un taxista. Pero esto tampoco se puede afirmar, es más, uno de los mayores trabajos realizados recientemente concluyó que lo único que se relaciona con el contagio es la edad, «cuanto mayores nos hacemos, menos nos contagiamos» concluyen los investigadores. Y así hasta el infinito, porque lo cierto es que nadie se pone de acuerdo y continuamos sin saber el porqué del factor mimetismo.

Muchos animales
bostezan

Andrew Gallup, profesor de psicología de la Universidad de Nueva York disiente de la teoría de la edad y se inclina más por la de la empatía: «su contagio evolucionó para mejorar la vigilancia» afirma. Mientras los especialistas discrepan, todos seguimos bostezando cuando vemos a otro hacerlo, y no somos los únicos, muchos animales lo practican (reptiles, perros, gatos, monos, pájaros y peces) y se sabe que lo hacemos incluso antes de nacer, en el vientre de nuestra madre, a partir de las 20 semanas de gestación.

La cuestión es que si los humanos continuamos abriendo repentinamente la boca de forma desmesurada después de miles de años, debe haber una razón válida para ello. Algunas de las teorías que lo explican son:

Oxigenación. Cuando disminuyen los niveles de oxígeno en el cerebro, el bostezo serviría para proporcionar una dosis que contrarreste ese efecto. No está para nada confirmado.

Activación. Solemos bostezar antes de dormirnos, al despertar o cuando nos sentimos cansados, somnolientos o aburridos. Al hacerlo, el nivel de alerta sube como si el cerebro le dijera al cuerpo «oye, mantén la vigilancia». Esto también está por demostrar.

Temperatura. Esta hipótesis gana terreno, la apoya entre otros un estudio de la Universidad de Princeton que sostiene que al bostezar refrigeramos el cerebro, disminuyendo su temperatura. Andrew Gallup la secunda al afirmar que hacerlo ayuda al cerebro a mantener su temperatura óptima, ya que odia estar caliente. Se ha demostrado que los bostezos disminuyen si nos ponemos un paño mojado con agua helada en la frente, así que quizás sea la más acertada, aunque nuestro ya amigo Campbell advierte que las tres teorías son compatibles pero que las evidencias de esta última no son absolutas.

Y recientemente llegó Robert Provine, neurocientífico de la Universidad de Maryland, y formuló una nueva teoría que sostiene que los nervios y el estrés hacen que bostecemos más. Vaya por Dios. Ciertos animales lo hacen en situaciones de conflicto, agresividad o estrés y el hombre que bosteza exageradamente en un aeropuerto será observado con atención, ya que la TSA (Administración de Seguridad en el Transporte) incluye esto entre las 92 actitudes sospechosas de los pasajeros.

¡Hala! ya os he ayudado a oxigenar el cerebro.

Foto: Sophie Dale en Unsplash


Cómo usar una planta para cargar el celular

En lo que va de año hemos batido todos los récords en calentamiento global.Según la NASA, la agencia espacial estadounidense, los daños en la tierra nunca habían sido tan evidentes antes. Prueba de esto es que el indice de calentamiento global sigue subiendo. Será por eso que algunos seres humanos están empeñados en desarrollar tecnología e inventos que no afecten negativamente el medio ambiente o que contribuyen a su mejoría.

Un ejemplo, ¿te has preguntado cuánta electricidad podemos consumir para cargar nuestros celulares? Y más importante aún, ¿podemos producir nosotros mismos la cantidad necesaria de electricidad para hacerlo? Pues parece que sí, y todo lo que necesitas es una maceta y una planta, así de sencillo y ecológico.

Y no hay que
regar la planta

Claro que no sirve cualquier maceta, se trata de una desarrollada por tres investigadores españoles (Rafael Rebollo, Pablo Vidarte y Javier Rodríguez) que ha sido diseñada para generar electricidad a partir de los elementos biológicos que la planta expulsa después de realizar la fotosíntesis. En su interior se puede poner cualquier clase de planta, aunque dependiendo de su especie y características puede generar más o menos energía. De acuerdo con sus creadores, el dispositivo puede producir electricidad por el día y por la noche sin tener que preocuparte por regar la planta, ya que incorpora un tanque de agua. Más fácil imposible.

La maceta cuenta con una entrada USB que está camuflada como si fuera una piedra para que parezca parte de la planta y así pasar desapercibida, y puede producir entre tres y cinco cargas diarias, para el celular o para cualquier otro dispositivo con batería. En caso de que necesites más energía también han desarrollado una jardinera con un tamaño de un metro que puede generar entre 3 y 40 watios por hora (como ejemplo, un router consume 8w por hora y una laptop unos 60w por hora).

Lo único malo es que habrá que esperar un poco de tiempo hasta que esté al venta ya que de momento es un proyecto. Les informaremos en cuanto se pueda comprar.


Donde la violencia sí tiene género

Jessy Rodríguez vivió con su marido 18 años. Eran una familia acomodada, con una pequeña aunque rentable empresa gestionada por el matrimonio. Una noche el marido le propinó una brutal paliza por un ataque de celos. Jessy, según el marido, había pasado demasiado tiempo hablando con un cliente. El marido la golpeó con una botella y la mujer terminó en el hospital con graves heridas en la cabeza. Estuvo a punto de perder la vida. Ese fue un punto de inflexión. “Cuando recuperé la consciencia me di cuenta de que tenía que salir de allí o iba a morir. Hasta entonces había vivido bajo una amenaza constante, anulada y con miedo”En todo el mundo, según Naciones Unidas, una de cada tres mujeres será objeto de violencia física o sexual en algún momento de su vida. La mayoría ejercida por sus compañeros y excompañeros.

En América Latina y el Caribe, según un estudio publicado por la Organización Panamericana de Salud (OPS), la prevalencia es elevada, aunque varía según el país. En Bolivia, un 52% de las mujeres afirmó haber sufrido violencia alguna vez en su vida; en Colombia, un 39%; en Nicaragua un 27%; en Guatemala un 25% y en El Salvador un 24%, por citar algunos países.

El feminicido es la forma
más extrema de violencia machista

Violación, violencia doméstica, agresión, abusos, intimidación, acoso en el trabajo y en Internet… Las formas de violencia ejercidas contra la mujer son múltiples y variadas y, en numerosas ocasiones, no se denuncian por miedo a represalias o por la desconfianza en unos sistemas de justicia penal que, en general, no incluyen la prevención de la violencia de género entre sus prioridades.

Según Judith Cossú de Herrera, magistrada del Tribunal Superior de Niñez y Adolescencia de Panamá, “estamos muy lejos de alcanzar la meta de erradicar o disminuir la violencia contra las mujeres, o de contar con una certera defensa en materia de violencia de género”. En su opinión, los planes y políticas puestas en marcha hasta ahora incluyen acciones que hasta ahora “han quedado en la letra o en el discurso, por cuanto han sido aplicadas de manera parcial o con una cobertura muy reducida”, al menos en el caso de Panamá.

Más tajante se muestra María Roquebert, abogada y ex ministra de Desarrollo Social en la época de Martín Torrijos, para quien “no estamos haciendo lo necesario como sociedad para enfrentar la violencia de género, menos aún el feminicidio como expresión extrema de esta violencia”.

El feminicidio es la forma más extrema de violencia machista. El asesinato de una mujer por el hecho de serlo alcanza cotas dramáticas en nuestra región. Según la Secretaría de la Declaración de Ginebra, 15 de los 25 países con mayores tasas de feminicidio están en América Latina y Caribe. En Centroamérica, únicamente Costa Rica y Nicaragua no aparecen en una lista que encabeza El Salvador con 17 crímenes por cada 100,000 mujeres, seguido de Honduras con 14 feminicidios. Guatemala ocupa el cuarto puesto, Belice, el octavo y Panamá, el decimonoveno. También están entre los 20 más violentos otros como, Guyana, Venezuela, Colombia, Brasil, República Dominicana, Puerto Rico, México o Surinam.

Roquebert advierte de la complejidad del problema y señala alguna de las causas: “una educación sexista que reproduce el machismo; indiferencia social; explotación de la imagen de niñas y mujeres en los medios de comunicación; fracaso de las políticas públicas de seguridad ciudadana y un muy deficiente acceso a la justicia”.

Jessy decidió denunciar hace veinte años las agresiones ante las autoridades. Algunos miembros de su familia y amigos trataron de quitarle la idea de la cabeza “me decían que él no era malo, que solo había tomado demasiado, o que me quedaría en la calle si él no me mantenía, pero yo ya no podía aguantar más”. Gracias a su madre y sus hermanas pudo salir adelante. Después de varios juicios, su ex marido sólo fue condenado a nueve meses de prisión.

La situación, sin embargo, ha mejorado en materia legislativa, y en la mayoría de los países se reconoce y sanciona con elevadas penas el feminicidio. Según Eugenia Piza, directora del Área de Género de Centro Regional del Programa de las Naciones unidas para América Latina y Caribe “la respuesta de los estados es ahora más contundente en prevención y atención de la violencia”.

denuncia pública

Kimberly Bautista es una joven estadounidense de padre colombiano. Activista y comprometida con los derechos humanos, es la directora del documental Justicia para mi hermana, que muestra los esfuerzos de Rebeca Eunice Pérez por lograr que se hiciera justicia por la muerte de su hermana, Adela Chacón Tax, una guatemalteca de 27 años y madre de tres niños que fue asesinada a golpes en julio del 2007 por su ex pareja. Nada podía hacer pensar a la joven directora que, poco antes de terminar la grabación, ella misma sufriría en sus carnes un dramático episodio de violencia sexual.

Kimberly y unos amigos estaban en su casa cuando un grupo de hombres encapuchados y con armas, entró por la fuerza. Golpearon y amordazaron a los chicos y violaron a Kimberly y a otra de sus amigas. También robaron todo su equipo de filmación.

Según el Instituto Nacional de Ciencias Forenses de Guatemala el año pasado se reportaron 7.406 casos de violaciones, y 47 de cada 100.000 mujeres son víctimas de violencia sexual, según las estadísticas del informe del Grupo de Apoyo Mutuo. En los países vecinos la situación no es muy diferente. En Costa Rica se registraron tres violaciones diarias en 2014 según el Organismo de Investigación Judicial de ese país; el Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras reportó 2.370 violaciones ese mismo año; en El Salvador la cifra ascendió a 944 casos según cifras del Ministerio de Salud; mientras que el Observatorio Panameño contra la Violencia de Género de la Defensoría del Pueblo, registró 1.200 violaciones en 2013.

“No sé si vinieron porque sabían quien era y el documental que estaba haciendo o porque simplemente vieron gente en la casa. Nunca se aclaró quienes fueron los responsables ni se hizo justicia. No poder acceder a la justicia es muy frustrante, pero una acaba entendiendo que cuando pasan hechos de este tipo, es probable que no se vaya a hacer nada al respecto”, reconoce Kimberly.

Los índices de impunidad son alarmantes. En Guatemala, según datos oficiales recopilados por el Centro de Investigación para la Prevención de la Violencia (CIPREVI), menos del 10% de los todos casos que llegan a la justicia son juzgados y condenados. En Honduras, la impunidad alcanza cotas del 88% y en El Salvador del 85%.

Tras la recuperación física llega la recuperación emocional. No fue un proceso sencillo. Kimberly dejó incluso de trabajar en el documental durante cuatro meses “porque era muy doloroso editar en ese momento. No podía”. En ese período consiguió un trabajo en un programa de televisión, pero tuvo que dejarlo porque “tenía un jefe que era un agresor y un abusador. Hablaba de mis pechos y llegó a proponerme acostarme con él a cambio de un nuevo puesto. Podría haberle denunciado pero decidí no hacerlo porque llevaba la carga del caso anterior que era mi prioridad”.

“Solo un 39% de los países de la región aborda la reparación de los derechos de las víctimas y/o sus hijas e hijos” afirma Piza. “Casi todos los países –continúa- impulsan medidas para modificar los estereotipos de género y han avanzado en la creación de servicios específicos de atención a víctimas en justicia, seguridad, sanidad y servicios sociales, no sin dificultades”.

Un estigma
social

La violencia contra la mujer es algo tan estigmatizado que muchas veces las agredidas no hablan, se sienten culpables, y así se perpetúa el ciclo de la violencia. “Pero cuando alguien rompe el silencio da ánimo a otras personas para hablar ,y se inicia un proceso de movilización y es algo que puede empoderar a toda una comunidad”, afirma Kimberly.

El caso de esta cineasta es atípico. La mayor parte de los episodios de violencia se dan en grupos marginales. En este sentido, María Roquebert reconoce que la violencia de género parece “democrática” porque afecta a todos los niveles sociales, pero que sus consecuencias son “terriblemente discriminatorias”. “La mayoría de los feminicidios –dice- son contra mujeres de barrios humildes que no tuvieron la respuesta y la protección institucional necesarias para preservar sus vidas. Respuestas que tampoco tendrán sus hijos e hijas para superar las secuelas de esa violencia”.

Uno de esos grupos es el de las prostitutas. Ellas están más expuestas que nadie a las agresiones que, según denuncian, les llegan tanto de los clientes como de la propia policía. En Panamá, existe un acuerdo de colaboración y promoción de derechos humanos firmado entre el colectivo Mujeres con Dignidad y Derechos de Panamá, que defiende a las trabajadoras sexuales, y la Policía Nacional, con el apoyo de la Defensoría del Pueblo y organismos de Naciones Unidas en Panamá vinculados al tema.

La asociación de mujeres que preside Gladys Murillo, sin embargo, denuncia abusos policiales y agresiones constantes, así como la falta de voluntad política del Gobierno para legislar en favor de este colectivo. “No solo somos trabajadoras sexuales, somos madres, somos hermanas, somos amigas, somos profesionales, somos emprendedoras, pero sobre todo somos mujeres con dignidad”, dice Murillo.

Una situación generada principalmente por la ausencia de normas para implementar la educación integral en sexualidad y salud sexual y reproductiva. Un problema que se replica en muchos otros países de la región.

hay ley pero no se aplica

La principal reivindicación de los grupos de mujeres que luchan contra la violencia de género en Panamá es la reglamentación de la Ley 82 de 24 de 2013. Para la magistrada Cossú “esta Ley sigue desarticulada y limitada, lo que no permite garantizar y proteger los derechos de las mujeres de manera eficiente”. Para la magistrada, lo más importante es “asignar los recursos humanos, materiales y financieros necesarios para hacer efectivas las medidas de prevención y protección a la víctima”.

María Roquebert coincide en que “lo primero que se necesita es voluntad política para frenar el problema, y esa voluntad se tiene que traducir en presupuesto. Con 25 feminicidios en lo que va de año, algo tan sencillo como usar dispositivos electrónicos como medida de protección para mujeres que se atreven a poner la denuncia se viene discutiendo desde hace tres gobiernos y aún no termina de implementarse”.

También desde el PNUD se advierte de la necesidad “de generar una política de estado que dé sostenibilidad a los planes nacionales y que envíe a la sociedad un mensaje de cero tolerancia hacia esta violencia”. Piza sostiene que “para ello se requiere una mayor asignación presupuestaria que permita aplicar la avanzada legislación sobre violencia contra las mujeres y/o de género que existe en nuestra región, además de una mayor voluntad y apoyo político”.

“Hay avances en todos los países, pero son insuficientes. Las meras leyes no bastan, falta más conocimiento, calidad técnica, investigaciones sólidas y visiones que realmente radiografíen la compleja realidad. Esto en Panamá, lamentablemente escasea, por decirlo leve y breve”, denuncia Urania Ungo, reconocida filósofa y feminista panameña.

Foto: Encarni Pindado

 


El ají chombo y los chiles más picantes

Algunos lo adoran, otros no lo toleran, para muchos es adictivo, lo único seguro es que el picante no deja indiferente. Además de sus bondades culinarias, los alimentos picantes -ajíes, chiles, pimientos o como se le quiera llamar-, contienen capsaicina, una sustancia con interesantes propiedades medicinales. En Panamá el rey es el ají chombo y, aunque pica, es casi un caramelo al lado de otros. Te contamos sus beneficios.

Sirve como afrodisíaco: Esta propiedad del picante nos encanta. Aunque es algo que la gente ya sabe desde hace siglos, ahora hay estudios que certifican que el alto contenido en vitamina C del picante estimula la producción de endorfinas.

Quema calorías: La capsaicina, además de ardor en la boca, eleva la temperatura corporal y hace que el corazón se acelere y nuestro metabolismo también, por lo que se queman calorías más rápidamente. Además, provoca sensación de saciedad.

Mejora la circulación: La capsaicina combate la inflamación de las arterias y mejora la circulación al aumentar el flujo sanguíneo. La sangre llega con más fuerza al corazón, lo que reduce las enfermedades cardiovasculares. Además, el picante es rico en vitaminas A y C que refuerzan las paredes de los vasos sanguíneos.

Lucha contra el cáncer: Según un estudio de la universidad de Nottingham, la capsaicina reduce el crecimiento de las células cancerosas. En los países en los que se consume más picante el número de cánceres es menor.

Combate el resfriado: La capsaicina genera la sudoración, lo que equilibra la temperatura del cuerpo cuando uno se resfría. Además, abre los conductos nasales, (¿a que tú también has moquedao al comer picante?) lo que mejora la congestión, la sinusitis, la bronquitis e incluso el asma.

Mejora el estado de ánimo: Resulta que el picante genera endorfinas y serotoninas que elevan la sensación de bienestar general.

Diez
superpicantes

Chile Tabasco. Uno de los más populares, de picor moderado, entre 30.000 y 50.000 unidades Scoville.

Chile Thai. Es curioso ver niños tailandeses comerlo como si fueran caramelos pese a que su picor llega a 100.000 unidades.

Piri-piri o Diablo Africano. Su picor puede llegar a 200.000 unidades Scoville, solo apto para iniciados en el mundo del picante o amantes del pollo en salsa piri-piri.

Rocoto. Habitual en las cocinas peruanas y bolivianas, oscila entre las 100.000 y 200.000 unidades Scoville. Se usa contra la gastritis y como antioxidante.

Chile Habanero. El famoso ají chombo caribeño es el más panameño de los picantes. Solo para valientes, es uno de los chiles más picantes que se comercializan. Entre 100.000 y 350.000 unidades Scoville.

Chile Rojo de Guntur. Nativo de la India, Sri Lanka y el sureste asiático, oscila entre 100.000 y 350.000 unidades Scoville de picor.

Savina Rojo. Si el habanero se te queda corto, esta es una variante el doble de picante. Han llegado a medirse casi 600.00 unidades Scoville.

Naga Jolokia. Este es otro nivel porque supera el millón de unidades. Provoca sudoración y puede funcionar como un potente laxante. ¿Quieres probarlo?

Trinidad Moruga Escorpión. Es originario de Trinidad y Tobago. Su escala llega a los 1.2 millones de unidades y los valientes que lo han probado dicen que es dulce y picoso, normal.

Carolina Reaper. Desde 2012 es considerado el chile más picante del mundo, llegando hasta las 2.220.000 unidades Scoville, una escala que mide el picor desde 0 en adelante. ¿No te arde ya la boca?

Foto: Toa Heftiba


Galápagos y el primer aeropuerto ecológico del mundo

El primer aeropuerto sustentable del mundo se llama Seymour, está en Baltra. Por si no lo sabes se trata de un destino latinoamericano, aunque bastante exótico: está ubicado en el archipiélago ecuatoriano de Galápagos, declarado patrimonio natural por la UNESCO.

Estas islas ecuatorianas reciben cada año miles de turistas que afectan al entorno debido a la alta vulnerabilidad del medio ambiente. Para frenar este impacto, las autoridades locales decidieron construir un aeropuerto sostenible y ecológico, el primero del mundo.

Construido con
materiales reciclables

El 80% de la infraestructura del aeródromo de Seymur está construida a base de materiales reciclables. El edificio principal está situado a una cierta distancia de la pista de aterrizaje, para evitar la luz directa del sol y utilizar la brisa para su funcionamiento.

El proyecto aprovecha las condiciones climáticas de la zona y espera reducir hasta un 60% la energía que consume en un aeropuerto convencional de tráfico y capacidad similares. Para ello pone en marcha un conjunto de estrategias bioclimáticas de acondicionamiento natural utilizando energías renovables.

Ante la escasez de agua dulce en la isla, los tejados de la terminal incorporan un sistema de canalización que recoge lluvia para ser reutilizada en los inodoros o para la limpieza. También cuenta con una planta desalinizadora (desala el agua de mar) para proveer de agua dulce a las instalaciones.

En cuanto al aire, la ventilación natural del lugar se consigue gracias a un construcción abierta, con diez patios resguardados del sol con aberturas en los techos, minimizando el uso del aire acondicionado.

El astro rey es uno de los principales aliados que utiliza el aeródromo, ya que la cubierta contiene paneles solares que producen el 15% de la electricidad que se consumen en todo el aeropuerto. En cuanto a las pistas de aterrizaje, se ha empleado hormigón en lugar de asfalto, reduciendo la temperatura a uno o cinco grados centígrados.

Para hacerlo más interesante, las bandas de equipaje tienen un sistema gravitatorio basado en planos inclinados, en las que las maletas se sostienen sobre varillas y cilindros giratorios, sin necesidad de utilizar la energía.

El aeropuerto ya ha recibido varios reconocimientos por todos estos sistemas, entre ellos la certificación LEED Gold de sostenibilidad y calidad ambiental.


Descubierto el secreto contra la goma

Cada vez que te pegas un atracón de guaro, conocido mundialmente como binge drinking, entre otras cosas tus células cerebrales se hacen puré, el sistema inmune se dispara provocando un rápido proceso inflamatorio que, a su vez, causa daños en las neuronas. Me imagino que no te lo habías planteado, que piensas que beber es divertido y cool, pero lo cierto es que el fenómeno de reunirse para ingerir desenfrenadamente la mayor cantidad de alcohol posible en el menor tiempo y acabar en coma etílico es un riesgo de consecuencias devastadoras.

Pensando en esto, un grupo de científicos españoles acaba de presentar los resultados de varios estudios realizados durante años buscando descubrir qué sucede con el encéfalo cada vez que agarras una goma de campeonato. Todo comenzó en 2001, cuando otro equipo de expertos internacionales liderados por el español Fernando Rodríguez Fonseca (Instituto de Investigaciones Biomédicas de Málaga) descubrió la oleoiletanolamida (OEA), un compuesto del chocolate negro que aumenta la sensación de saciedad. Posteriormente se encontró que el intestino humano también segrega la misma sustancia. A partir de ahí los investigadores se centraron en estudiar cómo utilizarla para controlar el apetito y algunas adicciones.

El equipo de la Universidad Complutense de Madrid, liderado por Laura Orío, ha llevado a cabo estudios en ratones durante tres años y medio, para descubrir cuál es el efecto del consumo descontrolado de alcohol en un lapso de pocas horas y qué papel juega la OEA en el proceso. Lo absolutamente novedoso y llamativo es que han detectado que “las propiedades antiinflamatorias y neuroprotectoras de esta molécula podrían prevenir la neuroinflamación y los efectos tóxicos que el consumo intensivo de alcohol produce en el cerebro” según Orío.

Beber hasta perder el
conocimiento es una mala idea

Es sin duda un gran hallazgo, tanto que el equipo ha recibido el premio Joven Investigador de la Sociedad Internacional de Investigación sobre drogas. Este agosto, Orío presentará los resultados del trabajo en el Congreso de la Sociedad Internacional de Investigación del Abuso de Drogas, en Sidney (Australia).

Orío explica que en este estudio no se ha comprobado exactamente la OEA que evite la goma, aunque no “es descabellado” pensar que sería posible, ya que en investigaciones previas se ha visto que la bendita molécula podría actuar frente a la anhedonia (estado emocional negativo). El objetivo de esta investigación es encontrar nuevos tratamientos para combatir el alcoholismo y sus dañinos efectos, pero si se llega a desarrollar un fármaco basado en OEA, éste podría ser clave para proteger al bebedor de los excesos puntuales del alcohol. Estos científicos ya han desarrollado estudios preliminares con 50 estudiantes de la Universidad Complutense de Madrid para comprobar si los mismos resultados obtenidos con los ratones de laboratorio se dan en humanos.

La ingesta desproporcionada de alcohol es uno de los grandes problemas actuales y, sobre todo, preocupa por la corta edad de los consumidores compulsivos. Sus efectos nocivos en el corazón, páncreas, hígado y el daño cerebral que provoca ya son incuestionables.

Obviamente, querido lector, beber hasta perder el conocimiento no es una buena idea, y este descubrimiento no te da libertad para que sigas haciéndolo. Aún no se sabe cuánto tardarán en presentar un fármaco efectivo y, para ese entonces, quizás tus neuronas parezcan una tostada.

Foto: Kristina Boneva


La muerte ya no es lo que era

“Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”, escribió el poeta suicida Cesare Pavese. Por más que, a propósito del Día de Difuntos, uno hiciera calas a la búsqueda de punzantes sentencias sobre la muerte, ningún epitafio logra superar en grafismo y musicalidad (fúnebre) a ese desgarrador pronóstico, cuya argucia consiste en que, planteándose ya como una inexorable necrológica, es todavía un vivísimo futurible (“Vendrá…Tendrá…”). «¿Cómo era morirse? / ¿Como si nunca hubiéramos nacido?», se preguntaba, desconsolado, el poeta de la Generación española del 50 Luis Feria. Y Octavio Paz reclamaba, por su parte: “Los muertos están fijos en su muerte / y no pueden morirse de otra muerte”.

Ya no existe la muerte

La muerte se individualiza cada vez más. De hecho, «ya no existe la muerte; sólo existe el muerto», afirma un personaje del también desaparecido narrador Francisco Umbral. Y no solo eso: el acto de morir se banaliza y se vuelve más inmanente y contingente. En su novela El don de la vida, el colombiano Fernando Vallejo otorga a la muerte, incluso, benefactoras cualidades de andar por casa: «Al final de cuentas la Muerte no es tan mala, es una buena mujer», dice el anciano narrador: «Consuela al triste, reivindica al pobre, cura al masturbador, duerme al insomne, pone a descansar al cansado… Practica obras de misericordia «inéditas», como dirían hoy los exquisitos». Se le otorgan, pues, irónicas cualidades redentoras: «Va a dejar por fin el planeta de los simios gesticulantes, siéntase afortunado», le dice ahí la muerte al interlocutor que ha venido a llevarse. El mensaje más cabal de Vallejo es que, en esas «vacaciones eternas», la muerte vendría siendo como dormir pero sin ápice de insomnio, y sin el engorro de tener que levantarse a orinar.

La vida una

muerte que viene

Lo cierto es que, cuando los nichos semejan bloques de apartamentos; los crematorios, uno de los pocos espacios no libres de humo permitidos y los antiguos coches fúnebres, meras furgonetas de reparto, la muerte es ya el prosaísmo de un olvido. Y es también, por eso mismo, una coartada para la ambivalencia: un alma de doble filo, que sirve por igual como horizonte de conmiseración -ante la expectativa del finiquito compartido sin remuneración alguna-, que como añagaza para la impunidad final: ese indulto postrero que saben que les aguarda a los corruptos (al cabo, lo serán después sus cuerpos), y que -como en «el bandido y su hembra» del verso de Dylan Thomas- vuelve «fantasmales» sus fechorías.

Más sereno y frío, Jorge Luis Borges invitaba a pensar que “la muerte es una vida vivida, mientras que la vida es una muerte que viene”. De ahí la falacia, además de una convidación a cierto idiotismo e impasibilidad, el pretendido consuelo de Epicuro: “Cuando estoy yo no está la muerte; cuando está la muerte no estoy yo”. Lo segundo, bien mirado, podría considerarse un remedio de la abuela que nos llega a destiempo; pero lo primero es de una rotunda falsedad, pues no de otra cosa puede estar fraguado un “yo” que de muertes sucesivas. En realidad, la primera persona del singular está reñida con el tabú de la muerte, pues, a todas luces, nadie vive en “el otro barrio” distinto al que vive, y uno de los más elocuentes axiomas del psicoanálisis es que nuestro inconsciente es incapaz de asumir la propia mortalidad: que, para éste, en realidad, los que se mueren son siempre los otros.

Elías Canetti ha hecho reflexiones demoledoras a este respecto: sobre el secreto sentimiento de superioridad ante al difunto, y que debería hacernos palidecer en muchos velatorios. Definitivamente, la primera persona del singular está incapacitada para conjugar la muerte. El Día de Todos los Santos es el día de los Otros. Como señala el pensador centroeuropeo, el momento de sobrevivir (al difunto) es el momento del poder. «El espanto ante la visión de la muerte se disuelve en satisfacción, pues uno mismo no es el muerto», afirma.

Foto: Mathew MacQuarrie en Unsplash


Bocas del Toro, un paraíso en el Caribe

Comienza el nuevo año, con él vuelve el verano. Tres meses por delante en los que dejamos la lluvia atrás y en el que tenemos festivos y fines de semana por delante que hay que aprovechar para viajar por el país, conocer cada rincón de nuestra hermosa Panamá y vivir su esencia y naturaleza. Para comenzar el año, volvemos con un artículo sobre el archipiélago de Bocas del Toro, un paraíso situado en el Caribe panameño que está en problemas debido al turismo masivo que sufre desde hace décadas.

Situado al Oeste del país -la provincia de Bocas del Toro hace frontera con Costa Rica en tierra firme- este archipiélago está conformado por nueve islas principales, cincuenta y dos cayos y miles de islotes en los que proliferan los manglares. El auge de esta región llegó después del terremoto que sufrió en el año 1991, dejando atrás un pueblito aislado que vivía del negocio del banano, para ser víctima de la especulación inmobiliaria, donde muchas agencias de bienes raíces se hicieron con las tierras de los bocatoreños a precios irrisorios, para luego revenderlas más caras. A partir de aquí el crecimiento que ha ido sufriendo este archipiélago ha sido a costa de la naturaleza y de la gente del lugar, haciendo que, la capacidad de carga, es decir, la cantidad de personas que pueden visitar sin afectar negativamente al ecosistema, se vio superada con creces hace bastante tiempo sin que haya ningún intento de regular la situación por parte de las autoridades competentes.



Por todo esto hay que ser parte de la solución y no del problema. Para ello, es muy importante tener en cuenta que, en todo momento en tu visita a Bocas del Toro, tienes que dejar la menor huella ecológica posible, promoviendo un turismo sostenible y que los tours tours y excursiones que realices, sean de una manera responsable y amigable con el medio ambiente, así como fomentando el apoyo a las comunidades de la región.

Este archipiélago es un paraíso natural, de playas de prístinas aguas que sirven de refugio a miles de especies marinas y arrecifes de coral, combinados con islas donde la vegetación es muy abundante y quedan pobladas por multitud de animales. Desde monos y perezosos hasta delfines o estrellas de mar, la fauna que se puede ver en este archipiélago es asombrosa. Del mismo modo, encontramos gran multitud de áreas de manglares donde nace la vida y que son de vital importancia para la conservación del ecosistema.

El transporte aquí, por lo general, se realiza siempre en lanchas que hacen las veces de taxi, con un precio estándar que va desde los $2 hasta los $10 por persona, dependiendo de la distancia que recorras. Para hacer uso de ellos es tan fácil como salir a cualquiera de los muelles que hay en las diferentes islas y hacer una señal a cualquier botero que pase, o en su defecto, también es recomendable tener siempre a mano el número de un lanchero de la cooperativa, como es el caso de Santiago (6517-4251), quienes se encargan de brindar este servicio prácticamente 24 horas.

Son muchas las excursiones que se pueden hacer, la mayoría de los hoteles tienen su propio tour, pero esto contribuye negativamente al desarrollo del turismo sostenible que mencionábamos anteriormente, ya que, con esto, se masifica la presencia de lanchas en el mar acorralando y estresando a especies marinas que, de seguir así, optarán por abandonar esta zona. Con la intención de que esto no suceda, ha nacido una plataforma bajo el nombre de Redtucombo, que contraataca este turismo nocivo con una amplia oferta de turismo comunitario y sostenible, donde te llevan a playas impresionantes en las que puedes aprender el modo y estilo de vida de las comunidades que habitan en el archipiélago, así como su cultura, su artesanía o sus tradiciones.

Dos de estas comunidades visitables son Bocatorito y Buena Esperanza. Flanqueando la Bahía de los Delfines, lugar donde habitan numerosos ejemplares de estos cetáceos, se encuentran estas dos comunidades en las que te ofrecen conocer la comunidad más a fondo, ver como es la vida población indígena, aprender a cómo los Ngöbe hacen su delicioso chocolate o incluso disfrutar de su rica gastronomía.

La Isla de Bastimentos es la más grande que podemos encontrar en el archipiélago. En ella se pueden hacer tanto rutas por las selvas de su interior como visitar cualquiera de sus innumerables y maravillosas playas. Del mismo modo, otras islas que no puedes dejar de visitar son las conocidas como “las dos zapatillas” que son Cayo Zapatilla 1 y Cayo Zapatilla 2. Bocas del Toro también es un paraíso para quienes disfrutan del surf. En Isla Colón podemos encontrar tres puntos como Bluff o Paunch o Big Creek en donde podemos encontrar olas grandes que forman tubos, pero eso sí, los principiantes tienen que ir con cuidado, pues el suelo en esta zona es de coral.

 

Cómo llegar:

Para llegar al archipiélago de Bocas del Toro se puede hacer tanto por aire como por tierra. La compañía aérea Air Panamá ofrece Boletos de ida y vuelta que van desde los $200, con tres vuelos de ida y vuelta al día.

Por carretera se puede llegar tanto en transporte público, tomando un autobús en Albrook con destino a Almirante en un trayecto de unas diez horas y un costo de $27,50 y luego tomando una lancha por $6 desde Almirante a Isla Colón. En caso de ir en vehículo propio, deberás tomar la carretera Panamericana hasta llegar a la altura de Cañazas y ahí tomar la carretera de montaña hasta Almirante.

 

Dónde Comer:

Debido a su afluencia turística, en Bocas del Toro hay muchos lugares en los que poder comer en las diferentes islas pero sin ninguna duda, de entre todos los que hay, desde Tripeando recomendamos expresamente tres lugares:

Octo 

Situado en Isla Colón, este restaurante cuya cocina es un food truck, está regentado por Joseph Archbold, uno de los mejores chefs panameños del panorama actual. Aquí podemos encontrar a un precio más que asequible, producto 100% local con una elaboración sublime que se acerca a la alta cocina que este mismo chef desarrolla en su restaurante Receta Michilá del que hablaremos a continuación. Una oportunidad única de probar la gastronomía bocatoreña de la mano de un chef único. (Avenida F Norte entre Calle 4ta y Calle 5ta).$15

Joseph Archbold, chef Octo y Receta Michilá

Buena Vista

Sin salir de Isla Colón, este restaurante de comida internacional ofrece buenos precios acompañados de un sabor exquisito. Situado al final de la calle principal de Isla Colón, junto a la escuela de surf y buceo La Buga, se encuentra este restaurante con unas vistas inigualables del mar y las diferentes islas en torno a la principal. Para aquellos que les gusta la gastronomía internacional, este lugar es un must en su visita al archipiélago. (Calle 2da - Bocas del toro - Interior).$20

 

 

Receta Michilá

 En Bocas del Toro también tenemos la oportunidad de encontrar un restaurante de alta cocina panameña. En Isla Carenero, justo en frente de Isla Colón, encontramos Receta Michilá, un restaurante cuyo propietario y chef se mezclan en la figura de Joseph Archbold para dar a conocer el sabor bocatoreño en todo su esplendor. En una terraza al pie del mar y mediante reservación previa, puedes degustar los mejores sabores que radican en esta región de Panamá. Una evolución de la gastronomía tradicional del área llevada a una alta cocina en la que tanto el producto, pero sobre todo su elaboración, nos permiten saborear en su pleno apogeo el archipiélago de Bocas del Toro.

 

Dónde Dormir

Al igual que la oferta gastronómica, la oferta hotelera en Bocas del Toro es muy variada, y bien es cierto que, si no se busca bien, suele ser cara la estancia aquí.

 

HosteLuego

Situado en la isla principal (Isla Colón) esta es la más barata de las opciones. Se trata de un hostal cuyo precio es de $12 por noche con desayuno incluido. Se trata de la más económica de las opciones puesto que son habitaciones compartidas, y en un estado impecable. Además, una de las principales ventajas de este hostal es que no es muy conocido y no aparece en los principales buscadores de hoteles, lo que te permite poder tener una última opción de alojamiento en caso de que esté Bocas al límite de su ocupación. Para reservar hay que llamar al  6711-8634.

 

Hostal Mamallena

También en Isla Colón, este hostal ofrece habitaciones dobles, así como habitaciones compartidas. Con una atención inigualable, este hostal situado sobre el mar ofrece sus habitaciones dobles desde $65 por noche y una cama en habitación compartida desde $18, desayuno incluído. Una buena opción por su cercanía al aeropuerto, la comodidad de sus habitaciones y sus precios asequibles.

 

Doña Mara

En Isla Carenero encontramos Doña Mara un hotel situado a pie de playa en un entorno idílico. Una playa de fina arena blanca que llega hasta la puerta de la habitación hace que queramos despertar aquí cada día. Sus habitaciones bien cuidadas y decoradas pero sin lujos excesivos tienen un precio que van desde los $80 por noche.

Casa Cayuco

En Isla Bastimento encontramos este Eco Resort mimetizado a la perfección con su entorno. A escasos metros del mar nos adentramos en la basta selva de Isla Bastimento para dar con este hotel que no deja indiferente a nadie que llega hasta aquí. Cabañas de madera perfectamente cuidadas y mimetizadas con la selva bocatoreña nos acogen para disfrutar de un lugar completamente aislado en el que desconectar y relajarse se convierte en una obligación. Bien es cierto que el precio de la estancia aquí es muy alto, pero una vez que lo pruebas, querrás volver a repetir. Habitaciones desde $318 por noche.

 

Fotografía: Pilar Lacalle y Alberto Gonzalo


Siete playas secretas en las que perderse

Arena, sol, palmeras, una hamaca, bebida  helada, buena compañía, olas… Tranque interminable, vecinos compartiendo su reggaeton, cochinos que tiran sus latas en la arena… Son algunas de las cosas buenas y de las malas del verano. Sin embargo, hay vida más allá de Gorgona, San Carlos o playa Langosta.

Panamá tiene casi 3,000 kilómetros de costa, entonces ¿por qué tenemos que ir todos a los mismos lugares? En este artículo queremos sacarte de la rutina y descubrirte siete lugares solitarios para desconectar.

Empecemos la ruta en Chiriquí, en la isla de Boca Brava, y más exactamente en una pequeña península en su lado sureste. Allí se ubica el hotel Cala Mia, un complejo con 11 bungalows con vistas al mar y a escasos metros de la playa, con piscina panorámica y múltiples posibilidades: pesca, buceo, avistamiento de ballenas, rutas a caballo, convivencia con familias Ngöble-Buglé… Precio desde $259 para dos personas con desayuno.

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Playa Grande de isla Cébaco.

Desde allí nos vamos acercando a la península de Azuero, donde el turismo masivo aún no ha hecho de las suyas y donde se pueden encontrar destinos tranquilos y playas kilométricas casi desiertas. El primero es isla Cébaco. En su lado sur se ubica la espectacular playa Grande, de arena blanca y fina, totalmente solitaria, muy larga y ancha. En ciertas épocas del año puede haber algunos surfistas que duermen en las casas de los pocos habitantes de la zona o directamente en sus carpas. Eso sí, hay que llevarlo todo porque no hay ningún sitio cercano para comprar.

Cruzamos al otro lado. Casi al frente de Cébaco está Torio. Esta zona mantiene el encanto de los pueblos del interior, la amabilidad de sus gentes y el ritmo pausado de la vida. La playa es larga, ideal para hacer surf porque tiene olas pero hay muy poca resaca. Cerca hay otras playas como playa Reina o Morrillo que también merece la pena visitar. Un consejo: gírate y mira al interior, ya que los paisajes en esta zona parece que están pintados de verde fluorescente. Y para descansar un par de recomendaciones: el Hotel Camino del Sol, desde $160 la habitación doble, y Punta Duarte Garden Inn, desde $85.

Bajando por Azuero llegamos a Cambutal. Su paisaje parece el escenario de Jurassic Park, por la exuberancia de su vegetación y por el enorme tamaño de su playa, donde no es raro cruzarse con algún local montando a caballo. Es, además, un paraíso para los surferos, y no tiene, de momento, el bullicio de Venao. Allí te recomendamos el Hostal Kambutaleko que, desde $45 la habitación, tiene acceso directo a la playa y unas privilegiadas vistas. Para bolsillos más adinerados la opción es el Hotel Playa Cambutal, desde $135.

Seguimos en el Pacífico pero nos saltamos toda la zona turística y de resorts para llegar a Darién, a Playa Muerto concretamente. Este pequeño pueblo es una de las pocas comunidades emberá costeras de Panamá, y queda fuera de la comarca Emberá-Wounaan. Muy pocos turistas llegan aquí, pero la mezcla entre cultura indígena, playas vírgenes y selva primaria hacen de Playa Muerto un lugar casi único. Olvídate de comodidades, aquí no hay hoteles ni restaurantes, apenas unos ranchitos elevados para poner la hamaca o tienda de camapaña por $5, aunque también puedes hacerlo en la playa. Con la marea baja puedes ir a otras playas casi vírgenes como  Fondeadero, Chorrito o Cocal.

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Costa Arriba de Colón.

Y nos vamos al Caribe, una costa totalmente virgen en algunos tramos, como el llamado Golfo de los Mosquitos, desde la península Valiente, en la comarca Ngäbe-Buglé, pasando por la costa norte de la provincia de Veraguas y finaliza en la desembocadura del río Coclé del Norte, al oeste de la provincia de Colón. Allí hay playas espectaculares y vírgenes como Aguacate, Limón, Caimito, Palmira… aunque tienen un pequeño problema: el acceso es posible únicamente por barco. Para hacerse una idea de la zona un buen lugar es Nuevo Chagres, donde está el Hotel Morgan Bay, un alojamiento sin lujos pero correcto, con acceso directo a una pequeña y solitaria cala donde disfrutar de las aguas del Caribe con precios desde $12.

Saltamos todo el Golfo de los Mosquitos y llegamos a la península Valiente, en la comarca Ngöbe-Buglé. La zona es prácticamente virgen para el turismo, pero esconde rincones de una belleza incomparable. En la parte norte de la península está Kusapín, el pueblo más grande, en una zona perfecta para surfear. Hacia el sur las opciones son dos: hacer una ruta a pie de unas cinco o seis horas hasta Tobobe con un guía, o tomar un bote y recorrer la costa. Por el camino, playas desiertas de arena blanca, arrecifes de coral, pequeñas aldeas… Para dormir tendrás que llevar hamaca o tienda de campaña y la mayoría de las provisiones.

Nosotros ya te hemos dado las opciones, ahora tu decides si quieres salir de lo habitual o seguir peleando por un ranchito en la playa de turno.


Planes top para el fin de semana

Hoy es miércoles, cada vez está más cerca el fin de semana y por eso desde Tripeando, te proponemos algunas escapadas de fin de semana para que disfrutes de tu tiempo libre en la mejor compañía.

 

Cuevas del Bayano

A casi dos horas de la ciudad, en el Lago Bayano, podemos llegar a un lugar en el que sentirse casi como un cavernícola. En el sector de Pueblo Nuevo encontramos un cañón de un kilómetro, que alberga cantidad de pasadizos, cavernas, lagunas de agua completamente cristalina y formaciones de agua caliza. Es un lugar que se ha convertido en un gran refugio de cientos de aves, reptiles, insectos y otras muchas especies animales, cuya formación se debe al río subterráneo que sigue fluyendo en la actualidad. Son muy accesibles de visitar y ahora durante la época de lluvias es posible ir en bote (si el río está alto). El tour por las cuevas se puede hacer con Panamá Outdoor, cuyo coste es de $95 por persona si el grupo es de 10 (el precio varía según el número de personas). Otra opción es hacer el tour con Bayano Adventure, quienes llevan más de 10 años de experiencia en el lago.

 

Isla Grande

 

Isla Grande

En el Parque Nacional Portobelo se encuentra esta isla que supone el punto más al norte de Panamá. Para llegar a ella se deberá tomar una lancha desde el puerto de La Guaira, al finalizar la carretera de Sabanitas, desde aquí tres minutos y llegas a la fina arena blanca caribeña. Este lugar es apto para todas las edades. Aquí se puede disfrutar de un baño en sus playas de tranquilas aguas de color turquesa o disfrutar surfeando con buenas olas en otros puntos de la isla. Además, casi toda su superficie está cubierta por bosque en el que te puedes adentrar por sus senderos, y rodeada por arrecifes de coral que poder ver con tus gafas de snorkel (recuerda siempre proteger el coral, no lo toques, ni lo pises). Muchas de sus playas, además, son amplias, por lo que acampar puede ser una magnífica opción para pasar el fin de semana. Aquí se puede disfrutar de un día claro en el que el mar se pierde en el horizonte y por la noche te puedes sentir más cerca de la Luna que nunca. Si quieres llegar hasta aquí en transporte público, lo mejor es que vayas a la Terminal de Colón y allí mismo subir al bus de la ruta Costa Arriba, que te llevará hasta La Guaira, aunque es importante prevenir que este servicio no es muy frecuente, por lo que es recomendable estar temprano en la terminal.

 

Laguna de San Carlos

A noventa minutos de la capital, encontramos un lugar idóneo donde poder oxigenar los pulmones y dejar atrás el estrés de la ciudad. Esta laguna, de origen volcánico, ofrece actividades para todas las edades, desde navegar en kayak o botes por sus cristalinas aguas, hasta caminar alrededor de todo su perímetro (sendero La Laguna). La entrada en la Laguna de San Carlos tiene un coste de $1, y aquí se puede acampar por un coste adicional. Además, por si no quieres arriesgarte a sufrir lluvia dentro de una carpa tienes la opción de hospedarte en el Eco Lodge Mamallena, donde puedes dormir desde $10. Si hay suerte, y durante el fin de semana está el cielo despejado, la noche aquí te dejará impresionado por el gran manto de estrellas que se puede ver. Para llegar se puede tomar un bus en la terminal de Albrook que pase por Coronado. Vale cualquiera de los que van a Chame, Penonomé, Aguadulce, El Valle de Antón o San Carlos. Por $3 llegarás hasta la entrada de Las Lajas, donde hay que avisar al chofer que te deje en el minisúper Las Lajas. Aquí, debes tomar el bus que te lleva a La Laguna por $1,25. Si vas en auto propio, deberás llegar por la Panamericana hasta el minisúper y ahí tomar la carretera que sube hacia la laguna durante 20 minutos.